lunes, 20 de julio de 2009

Entrevista a Andy Worthington

P+DH [Periodismo + Derechos Humanos] publica hoy la primera parte de la entrevista que hice recientemente al periodista británico Andy Worthington, uno de los mayores expertos de mundo en la prisión de Guantánamo y autor del libro The Guantánamo Files, en el que narra las historias de todos y cada uno de los prisioneros que han sufrido las más graves violaciones de los derechos humanos en el centro de detención estadounidense desde su puesta en marcha a finales de 2001.

En la entrevista, Worthington habla de los retos a los que se enfrenta la administración Obama para cerrar Guantánamo, el legado de la administración Bush en cuanto a los derechos humanos y las diferencias y similitudes entre ambas en el trato a los prisioneros de la "guerra contra el terrorismo". He aquí un extracto:

También debo decir que, en conjunto, la administración Obama no ha puesto en duda los fundamentos de la “guerra contra el terrorismo” de la administración Bush, que se basaba en difuminar intencionadamente las diferencias entre los talibán (un gobierno, por muy despreciable que fuera) y al-Qaeda (un pequeño grupo terrorista). Básicamente, los terroristas deberían haber comparecido ante tribunales federales para ser juzgados como delincuentes y los soldados deberían haber sido retenidos en calidad de prisioneros de guerra, protegidos por las Convenciones de Ginebra, hasta el final de las hostilidades.

De haber sido así, ahora no estaríamos discutiendo si es legítimo continuar reteniendo a prisioneros relacionados con una operación militar determinada –derrocar a los talibán e instaurar un nuevo gobierno en Afganistán– cuyo objetivo se alcanzó hace años. Sin embargo, tal y como están las cosas, la administración Obama ha renunciado al uso de la expresión “combatientes enemigos” para referirse a los prisioneros de la “guerra contra el terrorismo”, pero no ha acabado con la lógica falsa de retener a prisioneros sin considerarlos sospechosos de un delito o prisioneros de guerra, y eso es precisamente lo que debe hacer, y también asegurarse de que no vuelva a suceder jamás.

La segunda parte, centrada en los presos liberados de Guantánamo (algunos de los cuales serán acogidos en España) aparecerá proximamente en P+DH. Aprovecho la ocasión para dar las gracias a la gente de P+DH por brindarme la oportunidad de trabajar con ellos y a Andy Worthington por concederme la entrevista. Ha sido un placer y un privilegio.

ACTUALIZACIÓN (22/07/2009): Ya se puede leer la segunda parte de la entrevista aquí. También está disponible la version íntegra de la entrevista en inglés en el blog de Andy Worthington.

sábado, 4 de julio de 2009

Rory Stewart y la "irresistible ilusión" de Afganistán

Estados Unidos está liderando estos días la primera gran ofensiva en Afganistán desde que el presidente Obama asumió en enero la presidencia. Más de cuatro mil marines estadounidenses, seiscientos soldados afganos y ochocientos británicos han sido movilizados en una operación de enormes dimensiones lanzada con el objetivo de expulsar a los talibán de la provincia meridional de Helmand.

Precisamente esta semana, la imprescindible London Review of Books (para el firmante de estas líneas, la mejor revista del mundo junto a New Left Review) publica un magistral y muy oportuno artículo sobre el papel de la ocupación extranjera en Afganistán que es de lectura obligatoria, y seguirá siendolo durante muchos años, para comprender qué estamos haciendo allí y qué no.


"The Irresistible Illusion" es uno de los textos más lúcidos que he tenido ocasión de leer sobre Afganistán y contiene una crítica demoledora del proyecto de construcción estatal emprendido por las potencias occidentales, un proyecto condenado al fracaso y de legitimidad más que dudosa que se basa en presuposiciones erróneas, un lenguaje opaco que no sirve para desvelar la realidad sino para interpretarla a la medida de un discurso y unas necesidades políticas occidentales que poco tienen que ver con la realidad afgana sobre el terreno y una profunda ignorancia no sólo de la cultura y la sociedad afgana y pakistaní sino de la historia de las potencias imperiales en la región cuyas consecuencias son catastróficas.

El autor del artículo, Rory Stewart (Hong Kong, 1973), es todo un personaje: hijo del cónsul general británico en Hanoi durante la guerra de Vietnam, estudió en Eton y se licenció en filosofía y política por la Universidad de Oxford (durante sus estudios universitarios fue el tutor estival de los príncipes Guillermo y Harry). Tras un período de servicio en el ejército británico, entró a fromar parte del cuerpo diplómatico en 1997. Entre los años 2001 y 2002 hizo un viaje a pie y completamente solo desde Turquía hasta Bangladesh, durante aquel viaje atravesó Afganistán en pleno invierno y con la guerra recién empezada, una experiencia que narraría en su primer libro, The Places in Between. En los años 2003 y 2004 estuvo en Iraq, donde ocupó el cargo de vicegobernador de la Autoridad Provisional de la Coalición en la provincia Iraquí de Amara y después el de asesor especial en Dhi Qar. Después viviría en Kabul, dónde dirigiría la fundación Turquoise Mountain, dedicada a la restauración del patrimonio artístico y cultural de la capital afgana. En la actualidad, es profesor en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard.

Así pues, nos encontramos ante una artículo escrito por un hombre del mismo sistema al que critica con tanta fuerza, no por un activista de lo que tantos han dado en llamar la "izquierda radical", lo que no hace sino reforzar todavía más sus argumentos. En realidad, Stewart no arremete tanto contra la invasión en sí como contra la estrategia y la doctrina en que se apoya, pero es posible que ésta sea la mayor crítica hecha por un miembro de la élite política británica a una invasión que siempre se ha considerado mayoritariamente la "buena guerra" frente a la de Iraq, lo que resulta muy sintomático y pone de relieve la creciente dificultad que entraña justificar una ocupación que dura ya casi ocho años y ha llevado pocos, muy pocos, beneficios al pueblo afgano, pero sí mucho sufrimiento.

He aquí un par de fragmentos del artículo:
Even if – as seems most unlikely – the Taliban were to take the capital, it is not clear how much of a threat this would pose to US or European national security. Would they repeat their error of providing a safe haven to al-Qaida? And how safe would this safe haven be? They could give al-Qaida land for a camp but how would they defend it against predators or US special forces? And does al-Qaida still require large terrorist training camps to organise attacks? Could they not plan in Hamburg and train at flight schools in Florida; or meet in Bradford and build morale on an adventure training course in Wales?

Furthermore, there are no self-evident connections between the key objectives of counter-terrorism, development, democracy/ state-building and counter-insurgency. Counter-insurgency is neither a necessary nor a sufficient condition for state-building. You could create a stable legitimate state without winning a counter-insurgency campaign (India, which is far more stable and legitimate than Afghanistan, is still fighting several long counter-insurgency campaigns from Assam to Kashmir). You could win a counter-insurgency campaign without creating a stable state (if such a state also required the rule of law and a legitimate domestic economy). Nor is there any necessary connection between state-formation and terrorism. Our confusions are well illustrated by the debates about whether Iraq was a rogue state harbouring terrorists (as Bush claimed) or an authoritarian state which excluded terrorists (as was in fact the case).

[...]

The new UK strategy for Afghanistan is described as

International . . . regional . . . joint civilian-military . . . co-ordinated . . . long-term . . . focused on developing capacity . . . an approach that combines respect for sovereignty and local values with respect for international standards of democracy, legitimate and accountable government, and human rights; a hard-headed approach: setting clear and realistic objectives with clear metrics of success.

This is not a plan: it is a description of what we have not got. Our approach is short-term; it has struggled to develop Afghan capacity, resolve regional issues or overcome civilian-military divisions; it has struggled to respect Afghan sovereignty or local values; it has failed to implement international standards of democracy, government and human rights; and it has failed to set clear and realistic objectives with clear metrics of success. Why do we believe that describing what we do not have should constitute a plan on how to get it? (Similarly, we do not notice the tautology in claiming to ‘overcome corruption through transparent, predictable and accountable financial processes’.)

In part, it is because the language is comfortingly opaque. We can expose Rawlinson’s blunt calculus of national interest by questioning the costs, the potential gains or the likelihood of success. But a bewildering range of different logical connections and identities can be concealed in a specialised language derived from development theory and overlaid with management consultancy. What is concealed is our underlying assumption that when we want to make other societies resemble our (often fantastical) ideas of our own society, we can. The language of modern policy does not help us to declare the limits to our power and capacity; to concede that we can do less than we pretend or that our enemies can do less than we pretend; to confess how little we know about a country like Afghanistan or how little we can predict about its future; or to acknowledge that we might be unwelcome or that our presence might be perceived as illegitimate or that it might make things worse.

Entrevista a Santiago Alba

"El modelo tecnoconsumista, con su “hedonismo de masas” –por citar una vieja expresión de Pasolini-, se ha impuesto del tal manera que toda disminución en los niveles habituales de consumo será vivido también como una catástrofe subjetiva, como una pérdida cataclística para la que habrá que buscar algún culpable. Nunca ha habido más condiciones objetivas, y menos subjetivas, para una transformación radical. Las sociedades occidentales son sociedades de “hambruna generalizada” y las hambrunas disuelven los lazos de solidaridad. No es un problema ideológico, sino material: la subjetividad capitalista está materialmente construida al margen de todos los valores y principios que permiten sencillamente una negociación. En Europa y EEUU veo más probable la barbarie o el neofascismo que la recuperación de una mínima sensatez antropológica."
Esta es una de las respuestas que forman parte de la entrevista que le hice hace un mes a Santiago Alba y que hoy ha publicado Rebelión íntegramente. Las respuestas de Alba no tienen desperdicio y contienen uno de los diagnósticos más lúcidos y demoledores sobre la actual crisis que he tenido ocasión de leer últimamente.

Desde aquí, me gustaría aprovechar para dar las gracias a Santiago por acceder a colaborar conmigo y por su enorme amabilidad. Ha sido un privilegio y un auténtico placer. Gracias por todo, Santiago.

Podéis leer la entrevista aquí.