jueves, 5 de febrero de 2009

Hemeroteca: El "muro de hierro" israelí

"Hay que hacer que los palestinos comprendan hasta en los recovecos más ocultos de su conciencia que son un pueblo derrotado."
Moshe Yaalon, jefe del Estado Mayor israelí, en 2002.

Tres semanas después del final de la operación Plomo Fundido, en la que Israel masacró a 1.300 palestinos, Israel y Hamas todavía no han conseguido llegar a un acuerdo para firmar un alto el fuego permanente. Dejando aparte la siempre espinosa cuestión de los detalles, es difícil que dos partes lleguen a un acuerdo consistente y duradero cuando una de ellas se niega rotundamente a reconocer a la otra como un interlocutor legítimo; algo que ha dejado más que claro en repetidas ocasiones la ministra israelí de Asuntos Exteriores, Tzipi Livni, quien ha llegado a hacer declaraciones como "ésta es una guerra que no puede finalizar con un tratado de paz".

TZIPI LIVNI Y EHUD OLMERT, EN LA REUNIÓN SEMANAL DEL GABINETE DE MISNISTROS, EL PASADO 1 DE FEBRERO.

Israel utiliza la justificación habitual de que no es posible negociar con una organización terrorista, pues ello sólo serviría para "legitimarla", postura cuya hipocresía ya denuncié aquí hace unas semanas. Además, la narración oficial de los hechos, ésa que la inmensa mayoría de los medios repite sin poner jamás en duda, responsabiliza invariablemente a Hamas del inicio de la violencia y le culpa de no cumplir los acuerdos que firma y de negarse a buscar una solución pacífica al conflicto. Según esta narración, Israel "no tuvo más remedio" que lanzar la operación Plomo Fundido para defenderse del intolerable bombardeo de los cohetes de Hamas, que supuestamente fue quien rompió el alto el fuego acordado por ambas partes en julio de 2008.

Pero esta versión de la historia es completamente falsa, como señalaba recientemente Henry Siegman en un excelente artículo publicado en London Review Books. La realidad es que Israel no sólo rompió el alto el fuego pactado con Hamas, sino que nunca llegó a respetarlo por completo, ya que no levantó en ningún momento el criminal bloqueo que mantiene sobre la Franja de Gaza desde que Hamas llegó al poder y se negó a prolongar el alto el fuego antes de que también declarara su negativa a hacerlo Hamas, un alto el fuego que, como llegó a reconocer la misma Livni, para Israel nunca fue más que un periodo de calma temporal.

Norman Finkelstein analizaba hace poco los motivos del ataque israelí contra Gaza en un artículo publicado en CounterPunch. Israel tenía fundamentalmente dos objetivos: restaurar su "capacidad disuasoria", muy mermada tras el fracaso de la guerra del Líbano de 2006, y eliminar la amenaza que supone lo que Finkelstein denominaba la "ofensiva de paz" palestina. El auténtico desafío que Hamas plantea a Israel no consiste en su presunto carácter de "organización terrorista", sino en su disposición a negociar en igualdad de condiciones y sin cederlo todo al adversario antes de hacerlo. Un desafío que, por supuesto, no presenta la ANP liderada por el títere "moderado" Mahmud Abbas. En ese sentido, la operación Plomo Fundido ha sido un fracaso absoluto, puesto que no ha hecho sino fortalecer a Hamas y desacreditar todavía más a Fatah.

Esta estrategia israelí, que consiste en negarse a negociar con un rival al que no haya derrotado antes militarmente (incluso si ese rival se había mostrado dispuesto al diálogo antes de que se produjera ninguna escalada bélica), no es ni muchísimo menos nueva. Israel la ha seguido constantemente desde antes incluso de su fundación, como cuenta el historiador israelí y catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad de Oxford Avi Shlaim en su libro The Iron Wall, una lectura imprescindible para comprender las relaciones entre israelíes y árabes desde el nacimiento del Estado de Israel en 1948.

VLADIMIR JABOTINSKY.

Es la famosa doctrina del "muro de hierro", que expuso por primera vez en 1923 el líder del revisonismo sionista, y padre espiritual del partido ultraderechista Herut (que después daría lugar al actual Likud), Vladimir Jabotinsky, en su célebre artículo del mismo nombre. Es un artículo enormemente esclarecedor que, más de ochenta años después de su publicación, todavía explica en gran medida la mentalidad, las políticas y los fracasos del Estado de Israel con respecto a la llamada "cuestión árabe". A continuación, ofrezco algunos fragmentos especialmente significativos de mi traducción a partir de la versión en inglés (Jabotinsky escribió y publicó por primera vez el artículo en ruso). La traducción íntegra del artículo se puede leer aquí.
De este modo, llegamos a la conclusión de que no podemos prometer nada a los árabes de la Tierra de Israel o de los países árabes. Su consentimiento voluntario es imposible. Por eso, aquéllos que sostienen que un acuerdo con los nativos es una condición esencial del sionismo pueden decir “no” ahora mismo y renunciar a él. O se pone fin a la colonización sionista, incluso a la más restringida, o ha de llevarse a cabo en contra de la voluntad de la población local. Por lo tanto, dicha colonización únicamente puede continuar y desarrollarse bajo la protección de una fuerza independiente de la población local: un muro de hierro que la población nativa no pueda atravesar. Ésta es, en conjunto, nuestra política con los árabes. Formularla de cualquier otra manera no sería más que hipocresía.

[...]

Dos breves comentarios: en primer lugar, si alguien objeta que este punto de vista es inmoral, le contestaré que eso no es cierto. O bien el sionismo es moral y es justo, o bien es inmoral e injusto. Pero esa es una cuestión que debíamos haber resuelto antes de hacernos sionistas. De hecho, es una cuestión que ya hemos resuelto, y lo hemos hecho en sentido afirmativo.

Sostenemos que el sionismo es moral y es justo. Y puesto que es moral y justo, debe prevalecer la justicia; no importa si Joseph, Simon, Ivan o Ahmed están de acuerdo con ello o no. No hay otra moral.

Todo esto no significa que cualquier tipo de acuerdo sea imposible, sino que sólo es imposible un acuerdo voluntario. Mientras exista una brizna de esperanza de que pueden librarse de nosotros, no renunciarán a ella. No a cambio de ningún tipo de palabras dulces o bocados jugosos, porque no son una chusma sino una nación, quizás un poco andrajosa pero aún así viva. Un pueblo vivo hace unas concesiones tan enormes sobre cuestiones tan determinantes sólo cuando no le queda ninguna esperanza. Únicamente cuando no haya una sola fisura visible en el muro de hierro perderán su poder los grupos extremistas y la influencia pasará a manos de los moderados. Sólo entonces vendrán a nosotros esos grupos moderados con propuestas de concesiones mutuas. Y sólo entonces ofrecerán los moderados sugerencias para alcanzar compromisos en cuestiones prácticas como una garantía contra la expulsión o la igualdad y autonomía nacional.

Tengo la esperanza de que los árabes realmente recibirán garantías satisfactorias y de que ambos pueblos pueden vivir en paz como buenos vecinos. Pero el único camino hacia ese acuerdo es el muro de hierro, es decir, el fortalecimiento en Palestina de una gobierno sin ningún tipo de influencia árabe, un gobierno contra el que los árabes van a luchar. En otras palabras: para nosotros, el único camino para alcanzar un acuerdo en el futuro consiste en rechazar totalmente cualquier intento de llegar a un acuerdo en el presente.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Enhorabuena por el artículo y espectacular el texto traducido. Estoy totalmente de acuerdo en que , cómo bien dices, ese pensamiento está absolutamente vigente en la actualidad
Luis

Anónimo dijo...

La cita de Moshe Yaalon es falsa. Haaretz ha desmentido que el 30.8.02 se publicara esa entrevista en la que pretendidamente M. Yaalon dijo eso.

A.