sábado, 17 de enero de 2009

Un hermoso discurso

Fui educado como un judío ortodoxo y un sionista. En un estante de la cocina de mi casa había un bote de hojalata para el Fondo Nacional Judío en el que guardábamos monedas para ayudar a los pioneros que estaban construyendo una presencia judía en Palestina.

[...]

Mis padres vinieron a Gran Bretaña como refugiados desde Polonia. La mayoría de sus familiares murieron a manos de los nazis en el Holocausto. Mi abuela estaba en la cama, enferma, cuando los nazis irrumpieron en su casa, en Staszow. Un soldado alemán la mató a tiros en su cama.

Mi abuela no murió para justificar que soldados israelíes asesinen a abuelas palestinas en Gaza. El actual gobierno de Israel explota despiadada y cínicamente el permanente sentimiento de culpabilidad de los gentiles por la matanza de judíos en el Holocausto para justificar el asesinato de palestinos. La consecuencia que se puede deducir es que las vidas de los judíos son preciosas, pero que las de los palestinos no tienen ningún valor.

Hace unos días, en Sky News le preguntaron a la portavoz del ejército israelí, la comandante Leibovich, por los 800 palestinos que había matado Israel hasta aquel momento (hoy la cifra total es de 1.000). Ella contestó inmediatamente que 500 de ellos eran milicianos”.

Es la respuesta de un nazi. Imagino que se podría haber tachado de milicianos a los judíos que luchaban por sus vidas en el gueto de Varsovia.
Fragmentos del discurso de Gerald Kaufman, miembro laborista del Parlamento Británico, en el debate sobre Gaza celebrado en la Cámara de los Comunes el 15 de enero. Versión original íntegra aquí.



El autor de este contundente discurso ha votado a favor de la guerra de Iraq y de reemplazar el sistema de armamento nuclear británico. Es enormemente significativo que un político con tales antecedentes hable de Israel en términos tan rotundos: las acciones de Israel son tan criminales que muchos se están viendo empujados a condenarlas públicamente. (Por cierto, ¿acaso es "antisemita" el parlamentario británico?). En cualquier caso, éste es un bello discurso, lleno de verdades, que indudablemente toma partido correctamente, pero cuyas conclusiones son insuficientes, dada la gravedad de los crímenes de Israel: se limita a pedir un embargo de armas al Estado de Israel que ni siquiera es probable que se apruebe.

El ataque israelí a la población de Gaza ha provocado en muchas partes del mundo el movimiento de protesta más grande desde las movilizaciones contra la guerra de Iraq. Mucha gente se ha echado a la calle en ciudades como Londres o Madrid y la llamada al boicot hecha por gente como Naomi Klein parece estar dando ciertos frutos: los productores frutícolas israelíes han informado de que se han reducido los pedidos de algunos países desde que empezó la ofensiva debido al boicot.

El gobierno israelí ha anunciado su intención de declarar un alto el fuego unilateral, reservándose el derecho de volver a golpear cuando le venga en gana y negándose a levantar el criminal bloqueo sobre la Franja y a retirar las tropas. No se ha intentado pactar en ningún momento con Hamas, a pesar de que sus condiciones eran perfectamente razonables (o, más bien, a consecuencia de ello). La operación "plomo fundido" se va a detener, aunque es una incógnita por cuánto tiempo.

Eso significa, entre otras cosas, que muy probablemente Gaza desaparecerá de la primera plana de los periódicos. Pero el genocidio del pueblo palestino seguirán en marcha, de un modo más silencioso pero no menos inexorable.

¿Dejaremos de salir a la calle porque Gaza desaparece de los medios? ¿Dejaremos de oponernos a la limpieza étnica del pueblo palestino ahora que volverá a ser casi invisible para la gran mayoría de la gente? Si hemos de buscar la respuesta del futuro en el pasado, el multitudinario pero efímero movimiento de oposición a la guerra de Iraq nos dice que la respuesta a esas preguntas es sí. En aquella ocasión, como dijo Slavoj Zizek en su momento, la mayoría de quienes se oponían a la guerra dieron la partida por perdida de antemano; se trataba de tomar una postura que, volviendo a Zizek, en última instancia sólo servía para que los manifestantes "salvaran sus hermosas almas". Eso explica la brevedad de aquel movimiento: no era necesario seguir la condena había quedado clara.

Si realmente queremos derrotar a Israel (y detener otras guerras, otros genocidios, otras injusticias), no debemos conformarnos con hermosos discursos como el de Gerald Kaufman. Hay que seguir denunciando y protestando, en los medios, en los blogs y en las calles, mediante la palabra y la acción. Y hacerlo constante e incesantemente. El poder espera que nos cansemos, que nos limitemos a tomar una postura y volvamos a casa. Los palestinos no se pueden permitir ese lujo. Nosotros tampoco.

1 comentario:

roberasturias dijo...

¿Qué hacer para detener todo esto?

Porque lo sucedido en Israel es un eslabón más de una cadena de un sistema ya podrido, pero con unos generales que tienen las armas más potentes y la razón de su fuerza. Podemos pensar en los palestinos, pero ahí tenemos también todo un continente africano sufriendo. Sigue siendo cuña de la misma madera.

¿Qué puede pensar uno cuando, después de haber ido a varias manifestaciones, llega a su casa con la sensación de que nada de lo que grita ni de lo que plasma en las calles sirve?

Sólo queda seguir en la brecha, seguir remando y haciendo ruido. Al fin y al cabo, es lo único que nos queda en este mundo que parece habernos robado todo lo demás.

Como igualmente he dicho en el blog de Algarabía, gracias por vuestros partes y análisis.

Roberto