lunes, 26 de enero de 2009

La guerra de Obama

Cuando Obama mencionó Afganistán en su vulgar y aburrido discurso de investidura, declaró que el objetivo a partir de ahora consistirá en "forjar una merecida paz" en el país centroasiático y evitó la palabra victoria, que es la que ha usado durante toda su campaña electoral. Una vez que ha llegado al poder, Obama trata de construir un discurso propio para distanciarse lo más posible de la administración Bush. Por ejemplo, ahora que hasta el secretario de Asuntos Exteriores británico, David Miliband, ha desacreditado de una manera bastante oportunista la idea de la "guerra contra el terrorismo", Obama procura no pronunciar demasiado la frase.

Sin embargo, como en tantos otros asuntos, es probable que la llegada de Obama no venga acompañada de un cambio realmente significativo a la política de Estados Unidos en Afganistán y Pakistán. En la página web de la Casa Blanca se anuncia que "Obama y Biden van a redirigir los recursos estadounidenses a la lucha contra las mayores amenazas a nuestra seguridad: el resurgimiento de Al-Qaeda y los talibán en Afganistán y Pakistán". A diferencia de lo que sucede con la guerra de Iraq, ni Obama ni el Partido Demócrata de Estados Unidos han puesto nunca en duda la de Afganistán y se la han apropiado en gran medida.

PROTESTAS CONTRA EL ASESINATO DE CIVILES EN MEHTARLAM, AFGANISTÁN.

Prácticamente desde el momento en que ganó las elecciones, Obama y su equipo ya anunciaron que iban a estudiar un cambio estratégico en Afganistán, que consistiría el consabido aumento de tropas, en un enfoque regional del conflicto (con posibles conversaciones con Irán), el fomento del diálogo entre el gobierno afgano y los "talibán moderados" (una expresión que hasta hace bien poco habría sido considerada como un inaceptable y absurdo oxímoron) y la reactivación de la caza de Osama Bin Laden (una empresa en la que, como señaló el sabio Juan Cole, el triunfo es poco probable, no compensa el esfuerzo y proporciona una enorme publicidad a una Al-Qaeda que ha perdido gran parte de la importancia que tenía en el pasado). Éstos son, a grandes rasgos, los cambios que Obama estaba estudiando en noviembre, cuando el fracaso de Estados Unidos y sus aliados en Afganistán era público y notorio.

Dos meses después, y con el nuevo presidente ya en el Despacho Oval, la situación sobre el terreno no ha hecho sino empeorar: los talibán y otros grupos insurgentes son más fuertes que nunca, ya dominan el sur del país y los más de 800 kilómetros de frontera con Afganistán y controlan la mayor parte de la producción de opio.

La elección de Obama el pasado 4 de noviembre coincidió con el enésimo bombardeo de las tropas estadounidenses a una boda en la que murieron decenas de civiles, entre ellos varios niños. El pasado viernes, tres días después de que Obama asumiera el cargo, el ejército estadounidense mató a 15 supuestos talibán en la provincia oriental de Langhman; sin embargo, los funcionarios del gobierno en el lugar afirman que todos los muertos eran civiles inocentes. Un día después, miles de afganos salieron a la calle para protestar contra esa matanza. Fuentes del ejército estadounidense sostienen que el pasado 7 de enero mataron a 32 talibán en una operación llevada a cabo en la misma provincia, pero algunos heridos durante la operación cuantan otra historia desde el hospital: que un grupo de comandos estadounidenses irrumpió en varias casas de la localidad de Masamut en busca de insurgentes y mató a 13 civiles e hirió a nueve.

Matanzas como estas son frecuentes en Afganistán, donde sólo en 2007 murieron 4.000 civiles. Lógicamente, el apoyo popular a las fuerzas de ocupación de Estados Unidos y la OTAN, y al corrupto gobierno de Hamid Karzai, es casi inexistente y cada vez hay más afganos que aceptan el gobierno de los talibán como algo inevitable que, al menos, les proporciona una seguridad que ninguna otra fuerza en el país es capaz de darles.

Obama ha recibido un informe pesimista tras otro, pero sin duda el más importante es el elaborado por la propia administración Bush, en el que se da la razón a los demócratas y se recomienda una revisión de la estrategia republicana de los últimos ocho años en Afganistán y Pakistán, haciendo hincapie en tres puntos fundamentales: debe aumentarse la ayuda civil y replantearse la militar a Pakistán, establecer mayores mecanismo de control y condicionarla a que el ejército pakistaní demuestre efectivamente que la dedica a combatir la insurgencia de las provincias fronterizas con Afganistán; se aboga por una estrategia regional; y se recomienda darle mayor importancia a la ayuda al desarrollo y la diplomacia. Curiosamente, la administración Bush se despide reconociendo que estaba equivocada en su estrategia en Afganistán y proponiendo la misma reorientación que los demócratas llevan proponiendo desde hace años.

Sin embargo, la nueva administración estadounidense no ha revelado todavía sus planes en Afganistán con detalle. Lo único que está claro por ahora es que el Pentágono planea enviar hasta 30.000 soldados, que se sumaran a las 32.000 tropas estadounidenses (y aproximadamente otras tantas de la OTAN) ya desplegadas allí. Es de esperar que Obama pida a los socios de la OTAN que envíen más tropas, pero algunos, como Francia, ya han anunciado su negativa a hacerlo. Por el momento, según el Washington Post, el objetivo inmediato del aumento de tropas es ganar tiempo para estudiar y reconsiderar la guerra y desarrollar una nueva estrategia en lo que Obama ha calificado "el principal frente contra el terrorismo".

PROTESTAS CONTRA EL BOMBARDEO ESTADOUNIDENSE, EL 25 DE ENERO EN KARACHI.

En el ámbito diplomático, Obama ha nombrado enviado especial a Afganistán y Pakistán a Richard Holbrooke, un hombre muy crítico con el gobierno de Hamid Karzai, que cada vez tiene menos apoyos tanto en Estados Unidos como en la comunidad internacional, por su ineficacia, debilidad política, su corrupción (el hermano del presidente, Ahmed Wali Karzai, ha sido acusado en repetidas ocasiones de ser uno de los mayores traficantes de opio del país) y por su oposición al incremento de tropas. Hasta ahora, no se había encontrado una alternativa viable a Karzai, pero cuatro rivales políticos viajaron recientemente a Washington, donde se reunieron con Obama, y se habla de que podrían unirse para formar una coalición que represente a diferentes grupos étnicos y arrebate el poder a Karzai en las próximas elecciones.

De momento, ya tenemos una pista de lo que significa la "estrategia regional" que preconiza Obama. El nuevo presidente ha ordenado su primer bombardeo en Pakistán contra los talibán: dos aviones no tripulados bombardearon el pasado viernes una localidad de las provincias del noroeste y mataron al menos a 22 personas. Obama lleva defendiendo que Estados Unidos ataque en Pakistán sin permiso de su gobierno desde 2007. La administración Bush empezó a hacerlo el verano pasado y desde entonces ha lanzado 30 ataques que han matado a 220 personas. Como señala Juan Cole hoy en Salon, este ataque contradice las declaraciones que ha hecho Obama de que va a cambiar la estrategia de Bush y a llevar a cabo un enfoque más centrado en la diplomacia, ponen en peligro el frágil gobierno laico del aliado Asaf Ali Zardari, dan fuerza a los partidos fundamentalistas y contribuyen a desestabilizar un país cuyo equilibrio es enormemente precario.

1 comentario:

Juan Asís Palao dijo...

Salam Carlos,

Me parece que la solución relativa para la población afgana, y a cualquier plazo, la posibilidad de paz para Afganistán pasa necesariamente por cambiar radicalmente la diplomacia con el mundo árabe y con Irán, pero sobre todo con dos países, Arabia Saudía y Qatar. Sin una auténtica activación de múltiples frentes diplomáticos para incentivar iniciativas con autorización americana para que esas dos diplomacias compitan en ganar peso a base de ganar influencia, con los talibán "moderados", como bien señalas. Porque todos los talibán son moderados, y todos son radicales, dependiendo de cómo se comporten las potencias atlantistas.
Durante la guerra-invasión-destrucción de ha salido a relucir toda la adversidad entre Arabia Saudí y Qatar, como ha señalado Angry Arab. Esa es mi percepción, que la misma adversidad es lo que debe manejar el equipo de Obama, si realmente quiere hacer otra cosa. Cambiar a Karzai es en relaidad secundario. O no, pero Allah sabe más. Un saludo,