miércoles, 5 de noviembre de 2008

Jornada electoral en Afganistán

El ejército de los Estados Unidos bombardea una boda por enésima vez y asesina a decenas de civiles en vísperas de las elecciones en la nación más poderosa del planeta. La cifra de muertos podría elevarse a treinta y ocho, según ha declarado un miembro del parlamento local a la BBC, la mayoría de ellos mujeres y niños, como contaba ayer Alex Strick van Linschoten, el primero y quizá único en contar la noticia un día en el que el mundo entero miraba hacia otro lado. Mientras tanto, Reuters publica hoy una bonita pieza de propaganda en la que afirma que "Afganistán da la bienvenida al triunfo de Obama". Omite que anteayer murieron unos cuantos afganos que ya no podrán celebrar la victoria del candidato demócrata.

NIÑO HERIDO POR EL BOMBARDEO ESTADOUNIDENSE EN UN HOSPITAL DE KANDAHAR. ALEX STRICK VAN LINSCHOTEN.

Barack Obama se ha convertido en el primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, un acontecimiento histórico que muestra cuánto ha avanzado el país en las últimas décadas. Pero no hay que olvidar que este hombre que se presenta como agente del cambio ha prometido que incrementará el número de tropas en Afganistán y que logrará ganar una guerra que ya está perdida, también, por cierto, la parte que nos toca más de cerca. Por no mencionar otros muchos asuntos como la guera de Iraq, el conflicto entre Israel y Palestina o las cada vez más tensas relaciones con Irán, temas en los que las políticas anunciadas por Obama, más allá de algunos cambios meramente retóricos, no se diferencian sustancialmente de lo que llevamos presenciando y sufriendo durante estos últimos años.

Gran parte de Estados Unidos y Occidente se deja llevar por una autosatisfacción que si bien es comprensible (sin duda es una buena noticia que un hombre negro haya conseguido acceder a la Casa Blanca), no debe invalidar el hecho de que Obama ha llegado hasta ahí moviéndose cada vez más hacia la derecha, poniéndose al servicio de unos poderes y guiándose por unos principios que son básicamente los mismos que han conducido al mundo a la situación en que se encuentra. El sistema que genera tanta desigualdad, miseria y sufrimiento seguirá funcionando de la misma manera. Ayer cambió el rostro del poder, sólo eso.