viernes, 16 de mayo de 2008

La Junta militar birmana sigue rechazando ayuda humanitaria extranjera

La Junta militar birmana sigue empeñada en negarse a facilitar la entrada al país al personal de las agencias humanitarias internacionales. John Holmes, el secretario general adjunto para Asuntos Humanitarios de la ONU, se encuentra en Bangkok a la espera del visado para entrar en Birmania y tratar de convencer a los generales de que permitan el despliegue de una operación de auxilio internacional a gran escala. La Junta aprobó el jueves la entrada de 160 cooperantes de cuatro países asiáticos y ha dejado entrar más aviones, pero según una portavoz de la ONU, la ayuda todavía no es suficiente.

UN HOMBRE RECONSTRUYE SU CASA EN UN PUEBLO CERCA DE RANGÚN.


Cada día que pasa la ayuda se hace más desesperadamente necesaria, tanto por la magnitud del desastre (la zona afectada es tan grande como Austria) como por la criminal negligencia del Gobierno birmano, cuya respuesta a la catástrofe ha sido calificada como la peor de la historia por la Comisión Asiática de los Derechos Humanos.


Las fuertes lluvias que están cayendo estos días en el delta del Irrawaddy están empeorando aún más la situación para los dos millones y medio de birmanos que han sido abandonados a sus suerte por su propio Gobierno. La Junta ha aumentado la cifra oficial de víctimas del Nargis a 43.318 muertos y 27.838 desaparecidos. Según las agencias humanitarias, es extremadamente difícil de determinar el número de víctimas, pero todos coinciden en que es mucho mayor que la cifra oficial y la Cruz Roja afirma que es más que probable que la cifra no sea menor a los 130.000 muertos.


Las consecuencias del ciclón a largo plazo son tan terribles como su impacto inmediato. El Nargis se llevó por delante los depósitos de semillas de arroz y mató a miles de búfalos de agua que usan los campesinos para arar la tierra antes de la siembra, que en circunstancias normales tendría lugar estos días. Muchos expertos temen que el ciclón podría alterar el ciclo de las cosechas. Debido a las inundaciones y al confinamiento de muchos de ellos en campos de refugiados del Gobierno, los campesinos no pueden volver a trabajar la tierra, por lo que la siguiente cosecha está perdida con casi total seguridad. Según la ONU, la población del delta del Irrawaddy necesitará 50.000 toneladas de arroz para los próximos seis meses y sólo hay 3.000 a mano.


Un cincuenta por ciento de la economía birmana depende de la agricultura, y alrdedor de dos tercios de la misma está generada en la zona del delta del Irrawaddy afectada por el Nargis. Un economista australiano, Sean Turnell, ha estimado que el ciclón podría costar a la maltrecha economía birmana hasta 3.600 millones de dólares. Además de los campos de arroz, el ciclón destrozó el puerto internacional de Rangún, pero dejó intactas las plantas productoras de gas y los gaseoductos, sector de la economía birmana dónde hay en juego más intereses económicos extranjeros.


Mientras tanto, a través de su periódico oficial, The New Light of Myanmar, el Gobierno afirma que puede reconstruir las zonas afectadas sin ayuda del exterior. El primer ministro, Thein Sein, ha anunciado que ya se ha completado la primera fase de auxilio a las víctimas y que la segunda fase, la reconstrucción de infraestructuras, ya ha comenzado, para lo que la Junta ya ha asignado los contratos a cuarenta y tres empresas pertenecientes a empresarios amigos de los generales de la Junta.


La Junta también ha anunciado que castigará a quienes roben o comercien con la ayuda internacional, cosa que han estado haciendo algunos soldados encargados de repartirla durante los últimos días, según muchos testimonios de testigos presenciales, que también han afirmado haber visto al ejército obligando a los refugiados a reconstruir las carreteras a cambio de pagas miserables y bajo unas condiciones durísimas. Los testimonios llegan cada vez más dificilmente, puesto que la Junta está tratando de sellar el delta del Irrawaddy, donde ha prohibido el acceso a cooperantes internacionales y periodistas. Para acallar las críticas, los militares han anunciado a un grupo de diplomáticos extranjeros en Rangún que ha organizado una visita para mañana a algunas de las áreas del delta afectadas por el ciclón.


Más preocupada por mantener su poder sobre la población que por ayudar a las víctimas, la Junta militar no sólo incrementa las medidas para aislar el delta del Irrawaddy, también ha aumentado considerablemente la vigilancia de la casa dónde Aung San Suu Kyi está encerrada bajo arresto domiciliario desde hace años.


Por otro lado, los medios oficiales birmanos anunciaron ayer que la Constitución diseñada por y para los militares fue aprobada en los lugares donde se celebró el referéndum el pasado 10 de mayo. Según la Junta, acudió a votar más de un 99 por cierto del electorado, del cual un 92,4 por ciento dio su asentimiento a la Carta Magna. La agencia EFE y El País se cubrieron ayer de gloria con el titular de esta noticia: "Los birmanos revalidan a la Junta militar en plena tragedia". Este titular es una ofensa suficiente al pueblo birmano, indinuando que fue él quién revalidó a la Junta y no ésta quien intentó legitimarse a sí misma en un proceso electoral en el que estaba poco menos que prohibido votar que no a la Constitución; pero es que luego, en el cuerpo de la noticia no se hace ninguna referencia a las coacciones de los militares al pueblo para que votara.


ACTUALIZACIÓN: La Junta eleva bruscamente el número de víctimas mortales a 78.000, el doble de las que admitía hasta ayer, lo que ha hecho eumentar áun más los temores de que la cifra final real pueda ser elevadísima.