viernes, 2 de mayo de 2008

Estados Unidos y Birmania: entre la política y los negocios

La organización ecologista y de defensa de los derechos humanos EarthRights International publicó el 30 de abril un informe en el que denuncia las actividades en Birmania de la compañía estadounidense Chevron, cuya participación en la explotación y gestión del gaseoducto de Yadana vincula con graves violaciones de los derechos humanos perpetradas por el ejército birmano. "Chevron y sus socios siguen dependiendo del ejército birmano para garantizar la seguridad del gaseoducto, el ejército continúa obligando a miles de campesinos a realizar trabajos forzados, torturando, violando, asesinando y cometiendo otros graves abusos", revela el informe The Human Cost of Energy (disponible en pdf aquí).


Chevron comenzó sus negocios en Birmania el año 2005, cuando compró a la compañía Unocal su participación en el consorcio que controla el gaseoducto de Yadana, del que también forma parte la francesa TOTAL y que proporcionó a la Junta militar birmana unos mil cien millones de dólares de beneficios en 2006. Unocal se retiró del consorcio unos meses después de verse obligada a compensar a un grupo de birmanos que ocho años antes la habían denunciado ante los tribunales estadounidenses por los abusos sufridos durante la construcción del gaseoducto.

GASEODUCTO QUE TRANSPORTA GAS NATURAL DE LA PLANTA DE EXTRACCIÓN DE YADANA A TAILANDIA.


El informe de EarthRights se hace público pocos días después de que el Congreso de Estados Unidos aprobara por unanimidad conceder a la líder democrática birmana Aung San Suu Kyi la Medalla de Honor del Congreso, la más alta distinción civil de Estados Unidos.


El contraste entre ambas noticias es muy sintomático de la postura del país más poderoso del mundo con respecto a la dictadura birmana. Al contrario que China, la habitual "culpable" de la situación birmana, dentro de su papel habitual de "Estado perverso", Estados Unidos ha conseguido aparecer hasta ahora como el principal defensor de la democracia en Birmania gracias a sus sanciones contra del régimen del SPDC, sus intentos de alcanzar una resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU, sus constantes declaraciones de condena y la financiación de medios de comunicación y grupos de oposición al régimen del SPDC, sobre todo a través de la Fundación Nacional para la Democracia (NED), una organización "independiente" creada en 1983 bajo los auspicios de Ronald Reagan cuya principal fuente de financiación consiste en un fondo que le asigna cada año el Congreso de los Estados Unidos.


A la buena imagen de Estados Unidos también contribuye el que las organizaciones que hacen campaña a favor de los derechos humanos y la democracia en Birmania, con Burma Campaign UK a la cabeza, tiendan a ser muchísimo menos críticas con Estados Unidos que con otros países. Por ejemplo, si leemos el resumen de los informes de Burma Campaign UK sobre las sanciones al régimen militar, veremos que no hay una palabra de crítica a Estados Unidos, a quien se menciona tres veces, y las tres como un ejemplo a seguir, especialmente por su decisión, tomada en 1997, de prohibir nuevas inversiones de empresas nacionales en Birmania.


Pero nada describe con más elocuencia la seriedad con que Estados Unidos se toma la defensa de los derechos humanos en Birmania que el hecho de que ésta se haya convertido en la causa personal de Laura Bush, lo que teniendo en cuenta los antecedentes políticos de esta señora y la fuerza de dicho compromiso, prácticamente reduce esta causa a un equivalente estadounidense de las mesas petitorias de las damas de la alta sociedad española.


Hay que decir que la prohibición de nuevas inversiones mencionada arriba no significó que se pusiera fin a las que ya estaban en curso, por lo que aún hay bastantes compañías estadounidenses con intereses económicos en Birmania. Muchas de las sanciones de Estados Unidos han hecho más daño a la población birmana que a los generales (es el caso de la prohibición de comprar sus productos textiles, que puso a muchos birmanos en la calle), pero nunca ha tomado ninguna medida contra su principal fuente de financiación (el gas, por supuesto), sino que ha promulgado infinidad de leyes mínimo impacto que han tenido un amplio eco mediático. Por ejemplo, después de la "Revolución de azafrán", George Bush anunció el endurecimiento de las sanciones y más tarde se aprobó una ley para prohibir la venta de piedras preciosas procedentes de Birmania en Estados Unidos, lo que recibió una publicidad enorme en los principales medios de comunicación internacionales.


Sin embargo, como declaró recientemente un profesor de Harvard al Christian Science Monitor, los mayores compradores de piedras preciosas birmanas son China y Tailandia y "el papel de las piedras preciosas [en la economía birmana] no es muy importante comparado con el petróleo, el gas o el tráfico de drogas". En cualquier caso, el embargo a las piedras preciosas ni siquiera es efectivo, puesto que es enormemente difícil determinar su procedencia una vez que llegan de contrabando a Bangkok, donde van a parar piedras preciosas de todos el mundo y son talladas antes de entrar en el mercado mundial de joyas. Sobre la inutilidad del embargo de piedras preciosas es especialmente interesante el excelente artículo "Burmese Gem Sanctions: Doing Good or Just Feeling Good?", este artículo fue publicado el 24 de marzo en Mizzima News (una de cuyas principales fuentes de financiación es precisamente la ya mencionada Fundación Nacional para la Democracia), pero ahora sólo se encuentra en la caché de google.


LAURA BUSH Y DOS SENADORAS LUCHANDO POR EL PUEBLO BIRMANO EN MAYO DEL AÑO PASADO.


De todas formas, como reconoce un informe sobre las relaciones entre ambos países elaborado en octubre por el servicio de investigación del Congreso de Estados Unidos (véase en pdf aquí), las sanciones no incluyen las actividades económicas estadounidenses de mayor tamaño en Birmania, que no son otras que las de Chevron en el gaseoducto de Yadana. Hasta el momento, el Congreso no ha hecho nada al respecto, a pesar de las presiones de los birmanos en el exilio para que apruebe una ley que obligue a Chevron a retirar sus inversiones de Birmania.


No cabe duda de que Estados Unidos ha hecho un gran trabajo de marketing político para vender sus políticas de defensa de los derechos humanos en Birmania, más simbólicas que reales, en un momento en que su implicación en otras latitudes está restando credibilidad a su imagen como bastión de la democracia. Un régimen tan criminal como el de la Junta militar del SPDC puede llegar a ser una bendición del cielo a efectos propagandísticos: casi cualquier gobierno parece mejor y le permite adoptar una postura moral que se defiende por sí sola y cuya realidad es extremadamente difícil de comprobar.


ACTUALIZACIÓN: El presidente George Bush, indignado ante la falta de transparencia, justicia y credibilidad del proceso electoral birmano, ha decidido tomar medidas y anunció ayer nuevas sanciones contra la Junta militar birmana. A partir de ahora, Estados Unidos bloquerá las cuentas de las empresas públicas de ese país. La capacidad de Estados Unidos para endurecer cada vez más su política contra los tiranos birmanos parece no tener límites.

2 comentarios:

algarabia dijo...

A Dios rogando y con el mazo dando, se diría en castizo. Es la táctica de siempre de cualquier administración estadounidense: siempre actúan en defensa de la democracia y la libertad, pero se olvidan de añadir el significado que estos términos tienen en su perversa y exclusiva jerga. No me extrañaría que algunas de las mujeres de los altos ejecutivos de la Chevron hayan participado, codo con codo con Laura Bush, en esas "mesas petitorias" a favor de los derechos humanos en Birmania, y sólo Birmania, y siempre que no afecte a los intereses depredadores de la petrolera que financia su lujoso estilo de vida.
Resulta muy sospechoso que Burma Campaign y otras organizaciones de apoyo a Birmania eviten mencionar a Estados Unidos salvo para prodigarse en elogios. Ahí hay gato encerrado. ¿Se sabe quién las financia? ;-)

Muy buena entrada, Carlos.

CHucky dijo...

Sinceramente, uno ya no sabe qué pensar.

Está claro que las sanciones de los EEUU y la UE no dejan de ser un lavado de cara; prohibimos la venta de armas y la importanción de madera, pero del verdadero negocio (el petróleo) no decimos nada.

A mí lo único que me interesa es que se acabe ya la dictadura en Birmania y que sea de forma pacífica.

Nuevamente, Don Carlos, le copio y publico.