domingo, 25 de mayo de 2008

Conferencia de donantes en Rangún

Hoy se ha celebrado en Rangún la conferencia de donantes organizada por la ONU y la ASEAN, en la que participaron 500 representantes de 51 países para discutir acerca de las ayudas a Birmania, tras el paso del ciclón Nargis hace ya tres semanas. Tras la conferencia, la ASEAN y la ONU han hecho público un comunicado en el que alaban la "fuerte unidad en la voluntad" de los participantes y anuncian la creación de un grupo tripartito compuesto por miembros de la ONU, la ASEAN y el Gobierno de Myanmar para coordinar, facilitar y vigilar el flujo de ayuda que entre en el país.

EL MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES DE MYANMAR, NYAN WIN, DURANTE LA CONFERENCIA DE DONANTES CELEBRADA HOY EN RANGÚN.


A pesar de la retórica oficial, el éxito de la conferencia es cuanto menos dudoso. Los donantes han prometido al Gobierno de Myanmar alrededor de 50 millones de dólares de ayuda, pero han condicionado su entrega a que la Junta militar permita la entrada al delta del Irrawaddy a expertos en ayuda humanitaria para que pueda evaluar la situación sobre el terreno y coordinar el reparto de la ayuda y las labores de reconstrucción. Los generales de la Junta han insistido en que la situación en el Delta está bajo control, pero la ayuda apenas ha llegado a un 20 por ciento de la población que la necesita y hasta el momento no se ha realizado un examen completo de la zona, que se encuentra cercada por el ejército birmano, para evaluar la magnitud exacta de los daños.


Sin embargo, la Junta lleva pidiendo desde el jueves once mil millones de dólares para reconstruir la zona afectada. Nadie sabe cómo ha calculado la Junta esta cifra, pero un funcionario de la ONU afirmó hoy que se parecia sospechosamente a los cerca de diez mil millones de dólares de pérdidas económicas que China afirma haber sufrido a consecuencia del reciente terremoto en Sichuan.


Por otro lado, mientras se discutían en Rangún las ayudas a los damnificados por el Nargis, más de 140.000 desplazados de las minorías étnicas birmanas que se encuentran en los campos de refugiados tailandeses se enfrentan a un drástico recorte de la ayuda. El Consorcio de la Frontera de Tailandia con Birmania ha declarado que necesita 6,8 millones de dólares para poder proporcionar a los refugiados la ayuda suficiente.


La ONU ha nombrado hoy a su nuevo representante en Birmania. El nuevo director de Programa de Desarrollo de la ONU en Rangún es el diplomático nepalí Bishow Parajuli, que sutituirá en el cargo a Charles Petrie, que fue expulsado del país el pasado mes de noviembre por pedir a la Junta que escuhara las demandas de cambio del pueblo tras la "revolución de azafrán de septiembre". El nombramiento de Parajuli se produce después de meses de negociaciones entre la Junta y la ONU sobre quién habría de ocupar el puesto.

BAN KI-MOON Y EL GENERAL THAN SHWE, EL VIERNES PASADO EN NAYPYIDAW.


La conferencia de donantes se ha celebrado después de que el secretario general de las Naciones Unidas visitara Birmania a mediados de esta semana, en una gira en la que se reunió con el general Than Shwe y visitó campamentos de refugiados especialmente preparados por la Junta para la ocasión. El viernes, Ban Ki-moon anunció que el general Than Shwe había decidido permitir la entrada a gran escala de "todos los cooperantes" extranjeros, independientemente de su nacionalidad, lo que el propio Ban Ki-moon calificó como un "paso decisivo".


La noticia fue recibida con escepticismo por las organizaciones de ayuda humanitaria y la oposición democrática, que recordaron la poca costumbre que tiene la Junta de mantener sus promesas. Pero hasta el momento ese paso decisivo no se ha hecho realidad, miles de víctimas aún no han visto ni un solo cooperante y siguen esperando en las cunetas de las carreteras una ayuda que nunca llega. Tras la conferencia de hoy, el ministro de Asuntos Exteriores tailandés, Noppadom Pattama, ha declarado que las autoridades birmanas "han abierto más la puerta, al menos garantizando el permiso a los medios extranjeros y a algunos cooperantes internacionales, pero no es un acceso sin trabas", a lo que añadió que la concesión de visados a los cooperantes será examinada caso por caso. Además, la Junta está dipuesta a recibir ayuda de barcos extranjeros, pero sólo si estos no son militares; su máxima preocupación sigue siendo que la presencia de las organizaciones internacionales pueda convertirse en una invasión, fortalezca a la oposición democrática o, cuanto menos, sirva para que el mundo pueda ver de primera mano la magnitud de la miseria del pueblo y la brutal represión estatal.


A pesar de que la situación en el delta del Irrawaddy sigue siendo catastrófica, la Junta celebró el viernes su referéndum constitucional en las zonas afectadas por el ciclón, tras celebrarlo el pasado 10 de mayo en el resto del país, tal y como estaba previsto. Aunque volvieron a repetirse las intimidacionesa la población, a veces incluso a punta de pistola, para que acudiera a las urnas y votara "sí" a la Constitución, se cree que la participación ha sido mucho menor. El día anterior había votado Aung San Suu Kyi, en su propia casa, donde fue la policia con una urna para que votara la líder de la oposición democrática, que se ha manifestado en contra de una constitución diseñada por los militares para asegurar su permanencia en el poder.


Aung San Suu Kyi es noticia estos días porque ayer tocaba a su fin el arresto domiciliario que le fue impuesto hace cinco años. Según la organización estadounidense Freedom Now y la propia Liga Nacional para la Democracia, la Junta militar tiene la obligación de liberarla si quiere respetar sus propias leyes. Partidarios de Suu Kyi han especulado estos días con la posibilidad de que la Junta relaje las condiciones de su arresto o incluso la libere como concesión a las presiones internacionales. Sin embargo, no está claro a qué presiones se refieren, ya que un portavoz de la delegación inglesa en la conferencia de donantes declaró que no se plantearía dicho asunto, puesto que "sería inapropiado, ya que lo más importante ahora es asegurar el reparto de la ayuda humnitaria".

BIRMANOS A LA ESPERA DE AYUDA EN UNA CARRETERA, 100 KILÓMETROS AL SUROESTE DE RANGÚN.


Esta coincidencia de fechas pone al movimiento democrático en una situación como mínimo extraña y algo incómoda. Algunas organizaciones afines a la democracia birmana han pedido a la ONU que "no se dé más ayuda a la Junta mientras no se hable de libertad, democracia y derechos humanos en Birmania". En mi opinión, si se va a emprender un proceso de negociación con la Junta para que permita la entrada de ayuda extranjera, lo último que se debe incluir en este proceso negociador son reivindicaciones políticas, por muy justas que sean.


La ayuda humanitaria ante una catástrofe como ésta no debe ser condicionada a ningún tipo de reforma política, a no ser que ésta sea imprescindible para asegurar que la ayuda llega a quienes la necesitan. Se pude argumentar que es necesaria la libertad (de movimientos) para que la ayuda llegue a los damnificados y que esa misma ayuda forma parte de unos derechos humanos que la Junta nunca ha respetado. Pero la democracia no es lo que va a salvar ahora la vida de los dos millones y medio de personas que se encuentran en estos momentos al borde de la muerte en el delta del Irrawaddy. En una situación de urgencia como ésta, lo que la Junta tiene que garantizar a la ONU para que ésta entregue su ayuda a los damnificados por el Nargis no es un cambio político al que nunca ha estado dispuesta, sino que va a facilitar la entrada al suficiente número de expertos y organizaciones para socorrer a las víctimas. Poner las reformas políticas sobre la mesa de negociaciones en este momento no sólo es inoportuno, también es potencialmente arriesgado, pues supone una presión innecesaria y excesiva a la Junta que podría hacer que ésta se cerrara en banda y se negara a aceptar más ayuda.


En todo caso, quizá el error resida en creer que son posibles las negociaciones con la Junta, que en el pasado ha demostrado en innumerables ocasiones su incapacidad (o más bien falta de voluntad) para cumplir su propia palabra. Al SPDC no le importan ni lo más mínimo las vidas de sus ciudadanos pero es enormemente hábil en jugar con ello, siempre en la cuerda floja. Su estrategia consiste en crear situaciones absolutamente intolerables que permiten hacer pasar como mejoras hasta las más pequeñas concesiones: lo que ha aceptado en los últimos días es de por sí inaceptable, pero la situación anterior era tan terrible, la Junta ha sido tan inflexible hasta el momento, que hace que sus palabras parezcan un avance. Lo más lamentable de esta trampa no es tanto que la Junta la haya tendido como que la ONU esté siempre dispuesta a caer en ella; lo hizo en su día Ibrahim Gambari y todo parece indicar que lo está haciendo estos días Ban Ki-moon. Los generales de la Junta no sienten ningún temor a las posibles consecuencias de que sus promesas nunca se hagan realidad, pues saben que las palabras de condena de la comunidad internacional tampoco van acompañadas de acciones ni medidas que realmente pongan en peligro su permanencia en el poder: son plenamente conscientes de que nunca se aprobará una resolución en el Consejo de Seguridad contra ellos y que ni Estados Unidos ni ninguna otra potencia nunca harán nada más contundente que lanzar airadas declaraciones de condena o imponer unas sanciones económicas muy espectaculares pero completamente inofensivas.


VIDEO: Edición del programa People & Power, de la cadena Al Jazeera sobre el ciclón Nargis y la situación en Birmania: