domingo, 18 de mayo de 2008

Aumenta la presión internacional a la Junta birmana

La presión a la Junta militar birmana para que acepte la ayuda internacional es cada vez mayor, a medida que empeora la situación en el delta del Irrawaddy, dónde miles de niños se encuentran en grave peligro de morir de hambre en las próximas semanas si no reciben alimentos urgentemente. John Holmes, el secretario general adjunto para Asuntos Humanitarios de la ONU ha llegado hoy a Birmania, dónde está previsto que se reuna con altos cargos de la Junta militar para convencerles de que acepten más ayuda y permitan la entrada de cooperantes extranjeros. Según la ONU, sólo un veinte por ciento de los afectados por el ciclón Nargis ha recibido una ayuda, "rudimentaria"en muchos casos.


EL USS ESSEX, DE LA MARINA DE LOS ESTADOS UNIDOS, EN AGUAS INTERNACIONALES, FRENTE A LA COSTA BIRMANA.


Hoy, la portavoz del secretario general de la ONU, Michele Montas, ha anunciado que Ban Ki-moon visitará Birmania esta semana para hablar con los miembros de la Junta militar acerca de la ayuda internacional. Se espera que Ban Ki-moon viaje a Birmania el miércoles o el jueves. Mientras tanto, en aguas internacionales, frente a las costas de Birmania, se encuentran a la espera un barco del ejército francés y otro de la Marina de los Estados Unidos, ambos cargados de alimentos, agua y materiales y preparados para repartir la ayuda en cuanto el Gobierno birmano les autorice a ello.


Los mensajes de la comunidad internacional a la Junta son cada vez más contundentes: el embajador de Francia en la ONU, Jean-Maurice Ripert, declaró el viernes que el rechazo de los generales a la ayuda lleva camino de convertirse en un "auténtico crimen contra la humanidad". El primer ministro de Gran Bretaña, Gordon Brown, calificó a la Junta de "inhumana" y dijo quesus miembros debían "rendir cuentas" por lo que había pasado de ser "un desastre a una ctástrofe provocada por el hombre". Un grupo de cuarenta y tres congresistas estadounidenses han pedido a George W. Bush que considere seriamente la idea de una intervención humanitaria en Birmania de Estados Unidos, que ya ha mandado varios aviones con ayuda. A George W. Bush, demasiado ocupado sermoneando al mundo árabe sobre las bondades de la democracia, no se le ocurre otra cosa que anunciar que va a renovar por un año más las sanciones a la Junta.


Los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), que ha sido objeto de duras críticas por su pasividad hasta el momento, se reunirá mañana en Singapur para debatir la manera de ayudar a los refugiados; a la reunión acudirá Nyan Win, el ministro de Asuntos Exteriores de Myanmar, miembro de la ASEAN desde 1997.


Las presiones internacionales han tenido cierto efecto en la Junta; según Mark Malloch Brown, ministro enviado por el Gobierno británico a Birmania para negociar con la Junta, la entrega de la ayuda ha mejorado y que, aunque ésta no es "lo que muchos occidentales considerarían suficiente", se ha llegado a un acuerdo "con el que la Junta puede trabajar", gracias a la ayuda de las naciones vecinas y la ASEAN.


REFUGIADOS EN LAPUTTA.


Sin embargo, en lugares como Laputta los refugiados carecen de medicinas y a menudo no tienen comida suficiente, pues el suministro no es regular ni constante, y a menudo han de conformarse con sopa en lugar de arroz cuando el suministro falla, tal y como cuenta un periodista birmano de The Irrawaddy en un estremecedor reportaje. En las carreteras, miles de hombres, mujeres y niños víctimas del ciclón mendigan en las cunetas, desarrapados y hambrientos.


Mientras tanto, el máximo líder de la Junta, el general Than Shwe, fue visto ayer por primera vez desde que el ciclón Nargis azotó el sur de Birmania hace dos semanas. La televisión pública emitió imágenes de Than Shwe visitando dos campamentos cerca de Rangún. La Junta se ha empeñado en mostrar que todo está bajo control: el sábado organizó un tour para sesenta diplomáticos extranjeros en el que les mostró zonas devastadas por el ciclón, todos los diplomáticos han coincidido en que no pudieron ver lo suficiente como para hacerse una idea clara de la situación. Pero sobre todo, la campaña propagandística de la Junta está orientada a la población birmana, los medios de comunicación públicos sólo muestran imágenes de generales entregando ayuda a unas víctimas agradecidas, pero la población birmana sabe que la verdad es otra y quiere verla: en los mercados de Rangún abundan los discos compactos con imágenes de la situación real de las zonas afectadas.