sábado, 8 de marzo de 2008

ETA volvió a matar

Bajo las condiciones de la vida humana, la única alternativa al poder no es la resistencia -impotente ante el poder- sino la fuerza, que un hombre puede ejercer en solitario contra sus semejantes y sobre la cual uno o varios hombres pueden poseer el monopolio al apoderarse de los medios de la violencia. Pero aunque la violencia puede destruir el poder, nunca puede llegar a sustituirlo. Esto da como resultado la nada infrecuente combinación política de fuerza y carencia de poder: un despliegue de fuerzas impotentes que se consumen a sí mismas, a menudo espectacular y vehementemente pero en una completa futilidad, sin dejar tras de sí monumentos ni relatos, sino recuerdos apenas suficientes para entrar a formar parte de la historia.