jueves, 21 de febrero de 2008

Sundaravej reinventa la historia de Tailandia

Samak Sundaravej, el recientemente nombrado primer ministro de Tailandia, es el protagonista de una gran polémica después de que en dos entrevistas concedidas a principios de este mes, una a la CNN y la otra a Al Jazeera, hiciera una serie de declaraciones en las que exponía su versión personal de dos de los episodios más traumáticos de la historia reciente de Tailandia: la masacre de estudiantes de izquierdas del 6 de octubre en 1976 en la Universidad de Thammasat de Bangkok perpetrada por fuerzas del orden y grupos paramilitares de extrema derecha y la muerte de 80 musulmanes asfixiados en camiones tras ser detenidos durante una manifestación en la provincia de Narathiwat el 25 de octubre de 2005.

SAMAK SUNDARAVEJ, PRESENTANDO LA POLÍTICA ECONÓMICA DE SU GOBIERNO EL PASADO LUNES.


En 1976, cientos de estudiantes organizaron una campaña para protestar por la vuelta del general Thanom Kittikachorn, dictador que había sido expulsado del poder tres años atrás, después de la violenta represión de otra oleada de protestas estudiantiles. En un clima de enorme tensión, los medios de comunicación de la extrema derecha acusaron a los estudiantes de burlarse de la monarquía y de querer desestabilizar el país. Un programa de radio presentado por el entonces viceministro del Interior Samak Sundaravej, hizo repetidos llamamientos al pueblo para que matara a los estudiantes de la Universidad de Thammasat, centro neurálgico de la izquierda tailandesa.


Unidades de la policía fronteriza se desplazaron a Bangkok y se les unieron miembros de diversos grupos paramilitares de extrema derecha. El 6 de octubre atacaron la Universidad de Thammasat con cohetes; miles de los estudiantes que se encontraban dentro intentaron escapar pero fueron brutalmente linchados y quemados vivos en los alrededores del recinto. Según las cifras oficiales murieron 48 de ellos, pero muchos observadores y organizaciones de defensa de los derechos humanos coinciden en que la cifra es con toda seguridad mucho mayor y que probablemente se pueda contabilizar a los muertos por centenares. Tras la matanza, un golpe de Estado instauró el efímero Gobierno militar del ultraderechista Thanin Kraiwichian, que contaba con el apoyo de la Casa Real y en el que desempeñó el cargo de ministro del Interior Samak Sundaravej. (Sobre este periodo de la historia de Tailandia veáse, en el libro de Benedict Anderson The Spectre of Comparisons, los capítulos: "Withdrawal Symptoms", "Murder and Progress in Modern Siam" y "Radicalism after Communism".)


Según el actual primer ministro, que ha expresado en repetidas ocasiones su repulsa al golpe de Estado que depuso a Thaksin Shinawatra en septiembre de 2006, el 6 de octubre de 1976 sólo murió una persona. Cuando la entrevistadora de Al Jazeera insiste en que los libros de historia dicen otra cosa, él responde que es una "historia sucia" completamente fabricada. Cuando la entrevistadora insiste en que la matanza de Thammasat es un hecho documentado, Sundaravej pierde poco a poco la paciencia y se muestra indignado de que "una chica extranjera venga" a hacerle preguntas sobre ese tema y afirma que nadie en Tailandia se atreve a interrogarle sobre esos hechos.


Ante estas declaraciones, se han sucedido las reacciones en diversos ámbitos académicos y políticos: el 19 de diciembre, un grupo de historiadores de la Universidad de Thammasat organizó un debate en tailandés e inglés que, con el subtítulo de "las lecciones no aprendidas de nuestra historia", pretendía contrarrestar las falsedades del primer ministro. Un grupo de antiguos activistas de los años setenta envió una carta abierta a Sundaravej condenando sus afirmaciones. También se le ha acusado de tener parte de responsabilidad en los hechos, lo que él ha negado y jurado solemnemente en el Parlamento.


PLAZA DE SANAM LUANG, JUNTO A LA UNIVERSIDAD DE THAMMASAT, EN BANGKOK, 6 DE OCTUBRE DE 1976.


Las otras declaraciones polémicas del primer ministro tailandés hacen referencia a uno de los sucesos más estremecedores del conflicto que desde hace cuatro años enfrenta al Estado central tailandés con grupos separatistas musulmanes de las provincias de mayoría malaya del sur del del país: la matanza de Tak Bai el 25 de octubre de 2004, en la que 78 manifestantes musulmanes mueieron asfixiados mientras eran transportados en camiones de la policía en la provincia de Narathiwat.


Ese día, miles de campesinos de la provincia se congregaron ante la comisaria de Tak Bai para pedir la liberación de seís hombres detenidos. Las fuerzas de seguridad acudieron a disolver la protesta usando gas lacrimógeno, cañones de agua e incluso armas de fuego. Siete manifestantes cayeron abatidos por las balas. Después se metió a 1.300 en camiones y se les obligó a permanecer tumbados, amontonados unos sobre otros. De ellos, 78 murieron durante el trayecto de no menos de tres horas a centros de detención en la provincia de Pattani; muchos de ellos llegaron allí heridos y no recibieron ningún tipo de atención médica, lo que tuvo como resultado la amputación de miembros en muchos casos.


Ningún miembro de las fuerzas de seguridad tailandesas ha sido acusado formalmente nunca de esos hechos y un abogado musulmán que trataba de llevarlos ante los tribunales fue asesinado en octubre de 2006. Una investigación oficial realizada en 2005 concluye afirmando que "la tragedia que tuvo como consecuencia 78 muertes no pudo ser prevista y no fue intencionada" y que los oficiales que se encontraban al cargo actuaron "bajo limitaciones que provocaron fallos y errores".


El caso de Tak Bai es muy representativo de la brutal política llevada a cabo por Thaksin para reprimir la insurgencia separatista de las provincias de etnia malaya del sur y ha sido usado por los violentos grupos insurgentes para legitimar sus atentados. Uno de los cambios que pretendía introducir el gabinete nombrado por los militares que dieron el golpe en 2006 consistía precisamente en un replanteamiento de la política con respecto a la insurgencia y a los musulmanes, históricamente discriminados por el Gobierno de Bangkok. De este modo, en noviembre de 2006, el primer ministro pidió perdón públicamente a los musulmanes del sur por sucesos como los de Tak Bai, pero los cambios no fueron mucho más allá de las palabras y los gestos de contricción pública: El Gobierno se limitó a retirar las acusaciones contra 92 de los manifestantes.

CUERPOS DE LAS VÍCTIMAS DE LA MASACRE DE TAK BAI.


La versión de Samak Sundaravej de esos hechos es tan desconcertante como la de la matanza de Thammasat: no niega que se produjeran las muertes, pero casi resta importancia a su número al comopararlo con los 1.300 detenidos que viajaban en los camiones. Según el primer ministro, las muertes son un desgraciado accidente que se produjo porque los detenidos estaban débiles debido a que "no habían comido, ni bebido, ni tragado nada" por "esa cosa" (sic), refiriendose al Ramadán.


En su tratamiento de la crisis de las provincias del sur, el nuevo primer ministro tailandés sigue los pasos de Thaksin, del que no pocos le acusan de ser una mera marioneta. Además, ha nombrado un gabinete de ministros dictado prácticamente en su totalidad por Thaksin y en su populista política económica, presentada el lunes, en la que reflotará los planes de Thaksin de una sanidad barata para los pobres y la cancelación de la deuda de los campesinos. Este tipo de políticas ha sido criticado por la oposición, que considera que no son sostenibles económicamente, pero probablemente le servirán para asegurarse la lealtad de los partidarios de Thaksin, que se encuentran mayoritariamente entre la población rural pobre de las provincias del norte.


Declaraciones como las realizadas a CNN y Al Jazeera sólo servirán para dividir aún más una Tailandia ya de por sí enormemente polarizada entre el norte rural y la cosmopolita Bangkok y, sobre todo, para empeorar la grave crisis en el violento sur.


VÍDEO con la entrevista a Sundaravej en Al Jazeera: