miércoles, 9 de enero de 2008

Malasia endurece su política de concesión de visados a los trabajadores indios

El Gobierno malayo ha desmentido que vaya a bloquear la entrada de trabajadores indios al país, tal y como declararon ayer miembros del mismo Ministerio del Interior. Hoy, el ministro del Interior, Radzi Sheikh Ahmad ha dicho a Associated Press: "dejenme afirmar categóricamente que el Ministerio del Interior nunca ha hecho una norma por la que dejemos de aceptar trabajadores extranjeros provenientes de India". Sin embargo, un portavoz del Ministerio dijo a la BBC que el Gobierno malayo investigaría más detalladamente en el futuro a los solicitantes indios, y añadió que cada caso sería tratado individualmente.


MIEMBROS DE LA RELA LLEVANDO A CABO UNA REDADA DE TRABAJADORES INMIGRANTES ILEGALES.

En una conferencia de prensa Radzi Sheikh Ahmad dijo que continúa en vigor el bloqueo temporal de entrada de trabajadores provenientes de Bangladesh. Este bloqueo fue establecido en octubre y según el Gobierno se introdujo para evitar los maltratos a dichos trabajadores. "Tenemos más de dos millones de trabajadores extranjeros, así que tenemos que tomar medidas, no queremos tener demasiados. Nuestro objetivo es tener alrededor de 1,8 millones de trabajadores extranjeros. Tenemos que tomar medidas para asegurarnos de que no hay demasiados, pero al mismo tiempo no queremos que nuestras industrias sufran debido a la falta de trabajadores".


El endurecimiento de las condiciones para aceptar mano de obra extranjera afectará especialmente a sacerdotes y músicos de los templos budistas e hindúes. Radzi dijo que la política del Gobierno consiste en promover que los templos contraten a ciudadanos malayos. El Gobierno de Malasia, país de mayoría musulmana, está especialmente preocupado por mantener la preeminencia del Islam con diversas medidas, la última y más polémica consitente en prohibir el uso de la palabra Alá en contextos religiosos no-musulmanes.


Los trabajadores ilegales extranjeros sufren una campaña de acoso constante en el país del Sureste Asiático. Los inmigrantes son demonizados por el Gobierno, que en 2005 transformó un cuerpo paramilitar de voluntarios, la RELA, creado en los años 60 para combatir a los comunistas, en una fuerza de choque encargada de cazar a inmigrantes ilegales. Forman parte de la RELA casi medio millón de voluntarios, algunos de 16 años y carentes en su mayor parte de entrenamiento y formación, cifra superior a la del ejército y la policia juntos. Sus líderes están armados y tienen el derecho a entrar a las casas o registrar a la gente sin una orden judicial.


Algunas organizaciones de defensa de los derechos humanos, como Human Rights Watch, han denunciado las actividades de la RELA: son frecuentes las palizas indiscriminadas, los chantajes e incluso los asesinatos a inmigrantes ilegales, refugiados reconocidos como tales por las Naciones Unidas y, a veces, también inmigrantes legales, todos ellos en una situación de desprotección absoluta frente a la RELA. La mayor parte de ellos viven con el miedo constante a ser presa de una de las entre 30 y 40 readadas que los paramilitares llevan a cabo diariamente. Las detenciones suelen acabar en deportación a la frontera tailandesa, dónde han de elegir entre ser vendidos como esclavos o pagar una fuerte suma de dinero para poder volver a Malasia y comenzar de nuevo el ciclo de persecución y miedo.