jueves, 18 de octubre de 2007

Musulmanes en Birmania II: antecedentes históricos de la represión

Cuando Birmania se independizó de Gran Bretaña en 1948 gozaba de la que era la organización política más democrática del sureste asiático. De hecho, su avanzada Constitución y la bonanza económica que entonces disfrutaba el país hicieron que muchos progresistas en Europa albergaran grandes esperanzas con respecto a su éxito, e incluso se creía que este podría servir como modelo que contribuiría decisivamente a la propagación del socialismo en los países vecinos.


La única Carta Magna democrática que ha disfrutado Birmania se aprobó en septiembre de 1947. En las discusiones que la precedieron, algunos monjes budistas presionaron a los líderes de la independencia para que incluyeran en su redacción provisiones que hicieran del budismo la religión oficial del estado. Pero estas demandas fueron rechazadas; no en vano, algunos de los más importantes arquitectos de la independencia birmana eran musulmanes, como es el caso de U Razak, ministro de educación y planificación nacional durante el gobierno de Aung San anterior a la independencia. Ambos serían asesinados el 19 de julio de 1947 en una matanza en la que murieron otros 5 líderes y que se conmemora cada año como el “día de los mártires”.

U RAZAK, UNO DE LOS PRINCIPALES LÍDERES DE LA INDEPENDENCIA BIRMANA.


Así, el artículo 21 de la Constitución decía: “El estado reconoce la posición del budismo como la fe profesada por la gran mayoría de los ciudadanos de la Unión”, pero matizaba esto a continuación afirmando que “el Estado también reconoce el Islam, el Cristianismo, el Hinduismo y el Animismo como algunas de las religiones existentes en la Unión en la fecha en que está Constitución empieza a funcionar”, a lo que añadía que “el Estado no impondrá ninguna incapacidad o hará ningún tipo de discriminación tomando como base la creencia o fe religiosa”. (Ver en .pdf, el artículo “Religious Freedom in Burma”, publicado en octubre de 1999 en la revista Legal Issues of Burma, editada en el exilio por el Consejo de Abogados Birmanos; en el que se basa gran parte de lo que sigue).


Durante esos años, Birmania disfrutó de una completa libertad religiosa. El budismo era enseñado en las escuelas, pero otras religiones también, a pesar de las protestas de algunos monjes que no veían con buenos ojos que se enseñara la Biblia o el Corán; a lo que el Gobierno contestó que si se excluían otras religiones del sistema educativo público birmano, junto a ellas se excluiría el budismo.


En 1961, el Parlamento declaró el budismo la religión oficial del Estado aprobando una ley propuesta por el primer ministro U Nu. Esta ley fue criticada por algunos líderes pertenecientes a otras religiones, entre ellos el entonces ministro de Comercio e Industria, el musulmán U Raschid, que en un discurso en el parlamento expresó su temor de que “la adopción de una religión por parte del estado tendrá un profundo efecto psicológico en los budistas del país”, que podría “abrir la puerta para que los extremistas hagan más y más demandas basadas en la religión” (ver en .pdf, Ethnic and Religious Diversity: Myanmar’s Unfolding Nemesis, disertación presentada por Bruce Matthews en marzo de 2001 en el Instituto de Estudios del Sureste Asiático de Singapur).


En 1962 el general Ne Win dio el golpe de estado que situaría a los militares en el poder. El dictador cerró el país a las inversiones extranjeras y al turismo. Además creó una nueva ideología, en la que basó su política, y que llamó “la vía birmana al socialismo”: una extraña mezcla entre socialismo y budismo. En 1974 se promulgó una nueva Constitución (derogada en 1988) que declaraba el Partido del Programa Socialista Birmano como único partido legal. En ella no se hace mención expresa al budismo en ningún momento, pero se limita el ejercicio de la libertad religiosa pero se prohíben las acciones “socaven la unión y solidaridad de la razas nacionales, la seguridad nacional o el orden socialista”.

NE WIN, JUNTO A DENG XIAOPING, EN MAYO DE 1985.


Desde entonces, el ejército hace todo lo posible por fomentar un nacionalismo birmano asociado a la religión budista y se presenta a sí mismo como defensor de ambos, lo que ha marginado enormemente al resto de religiones, especialmente a los musulmanes. Así, por ejemplo, en la televisión estatal abundan las ceremonias religiosas budistas organizadas por los generales en el poder. Además (según el artículo del Consejo de Abogados Birmanos antes mencionado) se han dado numerosos casos de órdenes internas en el ejército para que los soldados se casen con mujeres de otras etnias diferentes a la birmana y otras religiones diferentes a la budista.


Una estrategia frecuentemente usada por la Junta durante años para distraer la atención pública cuando se enfrenta a crisis políticas ha sido provocar disturbios entre la población. La violencia está especialmente dirigida contra las comunidades musulmanas. De hecho, está extendida la percepción, y es fomentada por el gobierno, de que los pertenecientes a esta religión no son auténticos birmanos. Muchos de ellos provienen del subcontinente indio y llegaron a Birmania durante el periodo colonial, por lo que se les asocia con el mismo.


En 1982, el Gobierno promulgó una nueva ley de ciudadanía (que aún sigue en vigor), en virtud de la cual se establecían tres categorías de ciudadanos: ciudadanos plenos, ciudadanos asociados y ciudadanos naturalizados. Según esta ley, el Consejo del Estado puede decidir en cualquier momento los grupos étnicos que pueden ser ciudadanos. Además, según la ley, sólo pueden ser ciudadanos los pertenecientes a aquellos grupos étnicos que estuvieran establecidos en Birmania antes de 1824, es decir, antes del comienzo del periodo colonial. Esta ley está especialmente diseñada para no conceder la ciudadanía a los musulmanes de origen indio y, sobre todo, a los Rohingya, etnia que proviene de Bangladesh y cuya llegada al estado de Arakan es objeto de encendidos debates, incluso en el ámbito académico: mientras unos trazan los orígenes de los Rohingya en Arakan en el siglo VIII, otros argumentan que la llegada se produjo en el siglo XIX (sobre esto, ver en .pdf, el artículo “The development of a Muslim enclave in Arakan State of Burma”, publicado en otoño de 2005 en el Bulletin of Burma Research, de la SOAS londinense).