viernes, 7 de septiembre de 2007

Situación en Birmania: continúan las protestas

Cientos de monjes budistas retuvieron ayer en un monasterio a un grupo de miembros de las autoridades locales y militares en la ciudad de Pakokku, unos 500 kilómetros al norte de Rangún. Los monjes retuvieron durante unas horas a 20 personas como represalia contra la violencia utilizada el día anterior, miércoles, para sofocar una manifestación de protesta en contra del Gobierno de la Junta.



El grupo de autoridades fue retenido cuando se presentó en el monasterio para disculparse por los acontecimientos del día anterior, y especialmente por la paliza dada a tres monjes. Los monjes más jóvenes del monasterio reaccionaron indignados, encerrando en el edificio al grupo de autoridades y después prendiendo fuego a los cuatro vehículos en que viajaban. Gente del pueblo rodeo el monasterio y lanzó gritos de apoyo a los monjes. Los oficiales retenidos fueron liberados unas horas después.


En la manifestación del miércoles en Pakokku, un importante centro de enseñanza budista, tomaron parte más de 600 monjes, a los que dieron gritos de apoyo 1000 personas que se hallaban presentes. Los monjes se marchaban pacíficamente y gritaban consignas contra la opresión cuando dos pelotones militares y un par de camiones les cortaron el paso. Los militares dispararon al aire y después arremetieron en contra de los monjes y los viandantes con palos de bambú. El del miércoles es el enfrentamiento más grande acaecido en Birmania desde el inicio de las protestas hace dos semanas y la primera vez que intervienen los militares directamente disparando al aire.


Hoy, viernes 7 de septiembre, se ha celebrado una reunión en Mandalay, la segunda ciudad más grande del país, de líderes locales de la Liga Nacional para la Democracia (NLD). Mientras se celebra la reunión, la seguridad se ha incrementado en la ciudad y 10 camiones del ejército rodean la sede local de la NLD.


También hoy, en un pequeño “gesto conciliatorio”, la Junta militar ha liberado a Ye Thein Naing, que tenía la pierna rota desde que fue detenido en una manifestación el pasado 28 de agosto. Sin embargo, las autoridades siguen persiguiendo a muchos partidarios de la democracia: los nombres de unos 20 activistas que se encuentran escondidos figuran en una lista que se encuentra en puestos fronterizos.


EL GENERAL MAUNG AYE.


El Consejo para la Paz y el Desarrollo del Estado (SPDC) que gobierna Birmania ha acusado a grupos de disidentes exiliados en el extranjero de fomentar y organizar las protestas que se vienen produciendo desde el pasado 19 de agosto, cuatro días después del anuncio de una draconiana subida en los precios del combustible. Mientras tanto, el general Maung Aye, el número dos en el poder en Birmania tras el general Than Shwe, ha cancelado un viaje de tres días a Bangladesh previsto para mañana; lo que muchos ven como una señal clara de que la Junta está considerando la ola de protestas como una emergencia nacional.


El pasado miércoles, las Naciones Unidas criticaron las actuaciones de la Junta y su proyecto de constitución. El subsecretario general para asuntos políticos de la ONU, Ibrahim Gambari expresó su esperanza de que los países vecinos presionen al Gobierno birmano y defendió su polémica política de mantener conversaciones con la Junta. Gambari, que prepara una visita a Birmania en octubre, y la ONU están siendo criticados por lo que muchos consideran una actitud demasiado conciliadora con los militares.


George Bush ha dicho en Sidney, durante una reunión de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que se debería presionar a Birmania para que deje de reprimir a los manifestantes pro-democracia. Ayer se hizo público que hace una semana, Laura Bush llamó por teléfono al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, para pedirle que denuncie la represión de la Junta y que actúe el Consejo de Seguridad. La preocupación de la primera dama por Birmania, que ha convertido en “su causa”, no es nueva, aunque es más bien poco efectiva.