lunes, 17 de septiembre de 2007

Naomi Klein presenta su nuevo libro

El pasado 13 de septiembre Naomi Klein presentó en el Southbank Centre de Londres su esperado nuevo libro The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism, siete años después de No Logo, el libro que todo joven con inquietudes antiglobalizadoras que se respete a sí mismo debe tener en su casa junto a los discos de Manu Chao y los DVD de Michael Moore.


La presentación de The Shock Doctrine en el Londres de Ken Livingstone es uno de los puntos álgidos de una campaña de promoción perfectamente orquestada que incluye un “tráiler” a cargo de Alfonso Cuarón, presentado en el pasado festival de Venecia y colgado en YouTube, y la publicación de fragmentos del libro en diversos periódicos de Estados Unidos, Canadá y, especialmente, Inglaterra. The Guardian dedicó la semana pasada gran parte de sus páginas al libro, publicando cuatro extractos y artículos en torno a sus tesis a cargo de algunos de sus columnistas estrella.



Es fácil caer en la tentación de criticar a Naomi Klein por usar estrategias de marketing que parecen propias de una estrella de Hollywood o un grupo de Rock y despacharla con juicios de valor del tipo “Naomi Klein se hace rica criticando como otros se hacen ricos”. Esto es hasta cierto punto cierto, pero no del todo justo, porque ella tampoco se presenta como una anticapitalista radical. De hecho, fue precisamente eso lo último que se le oyó decir en la presentación del jueves: que ella es un “poquito capitalista” y que, sin ir más lejos, le encanta comprar botas como las que llevaba ese día.


Naomi Klein es también lo que se ha suele llamar un “personaje mediático”, ella lo sabe perfectamente, cultiva una imagen y se aprovecha de ello. Imagen de sana chica normal, un poquito pija y siempre sonriente. Hay cierto histrionismo en Klein; por ejemplo, tras el escenario del Queen Elizabeth Hall donde tuvo lugar la presentación, la imagen que presidia el acto era una gran foto en primer plano de la misma Klein. Era inevitable la asociación de la imagen de Klein hablando con una gran imagen de sí misma detrás con el famoso plano del mitin de Ciudadano Kane.


Cuestiones de imagen aparte, ¿de qué trata The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism? Voy a ser un poco atrevido y voy a hablar de un libro que aún no he leído (me da que no seré el primero que lo haga). Me basaré aquí en lo que se encuentra en los extractos publicados en The Guardian y lo oído en la presentación del jueves.


Klein toma como modelo experimentos psiquiátricos llevados a cabo por el psiquiatra Ewen Cameron en la McGill University de Montreal en los 50. En estos experimentos, se trataba de curar a pacientes anulándolos completamente, reducirlos a un estado casi infantil dejando su mente como una “hoja en blanco” para reconstruir a partir de ahí una nueva personalidad sana. Para ello se sometía a los pacientes a tratamientos de shock, prolongados periodos de privación sensorial, posturas incómodas durante horas o incluso días y sobre-estímulación sensorial; todo ello con el objeto de hacerles perder la noción del tiempo y el espacio. Estas técnicas serían aplicadas después por la CIA para interrogatorios, y usadas en Abu Ghraib o Guantánamo.


La tesis de Klein es que estas técnicas se han aplicado o aprovechado en los últimos 30 años no sólo a individuos, sino a colectivos para implantar en todo el mundo políticas económicas neoliberales. Partidarios del “capitalismo fundamentalista” (Klein dixit) de Milton Friedman, que veía en cada crisis una oportunidad para introducir cambios económicos, habrían aprovechado la confusión y desamparo en las poblaciones creados por diferentes crisis (la mayoría inesperadas y otras directamente creadas) para liberalizar economías, desrregularizar mercados e implantar una versión más “pura” del capitalismo.


Klein ofrece numerosos de ejemplos de este tipo de procesos, que van desde el Chile de 1973 (con los discípulos de Friedman, los “chicos de Chicago”, diseñando la política económica de Pinochet) hasta el tsunami de 2004 (tras el desastre se aprovechó para construir hoteles en las costas de Sri Lanka y Tailandia donde antes había pueblos de pescadores), pasando por China después de los acontecimientos de 1989 en la plaza de Tiananmen (según Klein, el gobierno chino aprovechó la situación para liberalizar aún más la economía).


La lectura que hace Klein de China ha sido contestada en un artículo publicado en el propio The Guardian, aduciendo entre otras cosas que se olvida de que las políticas desrreguladoras venían produciéndose desde mucho antes. Su lectura de la caída de la Unión Soviética también ha sido duramente criticada en un artículo de John Lloyd en el que acusa a Klein de “teórica de la conspiración” y de inventarse unos “Protocolos de los sabios de Harvard” detrás de los hechos.


Quizá por ello, lo primero que se ocupó Klein de aclarar el jueves es que su libro no defiende ninguna teoría de la conspiración, sino que expone como existe una ideología que explica como sacar ventaja de cierto tipo de situaciones y como siempre hay gente que se encuentra preparada para actuar y aprovechar el el estado de shock que las crisis provocan en las poblaciones para beneficiarse económicamente.

Klein expone de manera particularmente convincente como, en la situación creada tras el huracán Katrina, se aprovechó para introducir cambios de gran calado en la zona afectada. Entonces el propio Friedman publicó un artículo en el que decía: “La mayoría de escuelas en Nueva Orleans están en ruinas, como lo están las casas de los niños que estaban escolarizados en ellas (…) esto es una tragedia, es también una oportunidad”. Tras el desastre, en lugar de reconstruir las escuelas públicas, se construyeron otras privadas. también se aprovechó la situación para acabar con las viviendas de protección oficial en la zona.


Un ejemplo paradigmático del “capitalismo del desastre” es, según Klein, la guerra de Iraq, la guerra más privatizada de la historia. En los primeros días de la invasión se usaron las técnicas del shock para destruir el país y poderlo empezar a reconstruir después. La idea era acabar con el Iraq que había existido hasta el momento, estrategia de “borrado de la identidad” que incluía permitir el pillaje del rico tesoro cultural iraquí almacenado en museos y bibliotecas (sobre esto, ver este excelente artículo del gran Robert Fisk), y poner luego la reconstrucción en manos de empresas privadas.


Después, cuando la cosa se le fue de las manos en Iraq, cuando nada sucedió según lo previsto, cuando los empresarios que se suponía que iban a reconstruir Iraq desaparecieron porque no querían morir, la administración Bush tuvo que dar marcha atrás en ese programa. Pero aprovechando el caos creado por la guerra introdujo una ley para asegurar que empresas como Shell o BP puedan llevarse gran parte de los beneficios del petróleo iraquí durante 30 años. De hecho, incluso el mismísimo Alan Greenspan, en un extraño ataque de sinceridad repentina ha confirmado hace poco lo que ya sabíamos: que el verdadero motivo de la guerra de Iraq era el petróleo.


Por cierto, durante la presentación del libro, en la ronda de preguntas, un asistente del público aprovechó para hacer publicidad y repartir folletos de un grupo con base en Londres dedicado a luchar contra la explotación del petróleo iraquí por parte de compañías extranjeras. En la página web del grupo, llamado Hands Off Iraqi Oil se pueden encontrar diversas informaciones y documentos sobre el tema.


En contra de los friedmanitas que dicen que crisis como la de Iraq pueden crear "páginas en blanco" a partir de las cuales construir nuevas organizaciones, sitemas, infraestructuras, etc. Klein afirma que lo que hay tras la destrucción son escombros. Pero el “capitalismo del desastre” según Klein no es una noción determinista: las poblaciones que sufren el shock de un desastre no han de ser necesariamente presas del pánico y encontrarse en manos de sus gobernantes. Como dijo Klein, cuando un shock nos sacude no tenemos porqué seguir el ejemplo de los neoyorquinos, “que fueron a refugiarse en brazos de papá Giuliani tras los atentados del 11-S”.


Es posible otro tipo de reacción ante las crisis, en las que la gente no se pone en manos de sus gobernantes esperando que les saquen del atolladero, sino que toman las riendas de la situación y actúa colectivamente. Klein puso como ejemplo las colectivizaciones que muchos trabajadores llevaron a cabo en Argentina cuando muchas fábricas en bancarrota dejaron de funcionar. Lo llamó “colectivización del desastre”.


No habiendo leído el libro, no parece adecuado avanzar ningún juicio de valor sobre él. Una cosa esta clara: vamos a tener Naomi Klein para rato. Sea The Shock Doctrine un buen o un mal libro, tengan razón sus detractores o sus defensores, va a estar en el centro del debate público durante una buena temporada. Sólo queda leerlo y desear que ese debate no termine siendo otra discusión esteril y ayude de alguna manera a entender mejor el mundo en que vivimos.

1 comentario:

M. Atitar de la Fuente dijo...

No Logo también trajo cola... espero que caiga en mis manos pronto...sino ya me lo revientes tu en un post ;-)