martes, 11 de septiembre de 2007

La Junta militar birmana vigila los monasterios budistas

El Gobierno militar birmano desplegó el pasado lunes 10 de septiembre fuerzas de la policia para poner bajo vigilancia monasterios budistas a lo largo de todo el país. La medida se produce unos días después de que cientos de monjes retuvieran a un grupo de autoridades locales en un monasterio de la ciudad de Pakokku. El secuestro a las autoridades se produjo como respuesta a la dura represión por parte de los militares de una manifestación llevada a cabo por los monjes el día anterior.


Hoy, 11 de septiembre, los monjes han repartido panfletos en los que piden que el Gobierno se disculpe por los incidentes de la semana pasada. En los panfletos afirman que no aceptarán limosnas de los militares si estos no se disculpan formalmente. La medida puede parecer extraña a primera vista, pero hay que tener en cuenta que la costumbre de dar limosnas a los monjes se considera de gran importancia para hacer méritos en el budismo theravada que se practica en Birmania. Además, rechazando las limosnas los monjes corren un gran riesgo: según un informe publicado por Amnistia Intermacional en junio de 2005 (Myanmar’s Political Prisoners: A Growing Legacy of Injustice, ver en .pdf), 19 monjes fueron condenados en Rangún a 7 años de cárcel por rechazar limosnas de miembros del ejército.

MONJES BUDISTAS RECIBIENDO LIMOSNAS EN RANGÚN.

Según la organización US Campaign for Burma, durante este fin de semana los monjes han organizado un nuevo grupo de oposición a la Junta llamado Frente Nacional de Monjes, que demanda que la autoridades pidan perdón por la violencia empleada, reduzcan los precios del combustible, liberen a todos los prisioneros políticos e inicien negociaciones con Aung San Suu Kyi y otros líderes democráticos.


El papel de los monjes budistas en política ha sido muy importante en la historia de Birmania. Estuvieron al frente de los movimientos de protesta, primero en contra del gobierno colonial inglés y después del régimen militar después. Los monjes jugaron un papel muy importante en el levantamiento popular que en 1988 intentó poner fin a la dictadura militar.


El Gobierno lanzó el fin de semana una llamada advertencia a los grupos de oposición. El pasado domingo, la televisión estatal interrumpió su programación habitual para acusar a la Liga Nacional por la Democracia de aprovechar la subida de precios del combustible para provocar disturbios. En el comunicado también se dijo que se llevarían a cabo acciones efectivas en contra de las protestas, pero sin especificar la naturaleza de esas acciones. Son ya 150 los detenidos desde que empezaron las protestas hace 3 semanas.


Ayer, lunes 10 de septiembre, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon anunció que enviaría pronto a Ibrahim Gambari a Birmania para iniciar una ronda de conversaciones con los militares de la Junta. Gambari se ha reunido los dos últimos meses con diversos actores internacionales (incluyendo Estados Unidos, la Unión Europea, China o los países vecinos de Birmania) en busca de apoyos para presionar al regimen militar.


La actuación de la ONU con respecto a las protestas ha recibido muchas críticas. Se considera que no presiona suficientemente a la Junta y que su postura es demasiado débil. La actitud de Ban Ki-moon parece a veces demasiado conciliadora y cauta: el 23 de agosto, 4 días después del inicio de las protestas, hizo un llamamiento al "diálogo constructivo", pidió a las autoridades que "ejercieran la máxima moderación en su respuesta a las manifestaciones" e instó a todas las partes a evitar "cualquier acción provocativa".