martes, 21 de agosto de 2007

Una Tailandia dividida aprueba su nueva Constitución

El pasado domingo 19 de agosto Tailandia celebró un referéndum en el que aprobó una nueva Constitución. La carta magna cuenta con el aval de la Junta militar que gobierna el país asiático desde que en septiembre de 2006 dio un golpe de estado contra el gobierno del polémico plutócrata Thaksin Shinawatra. El siguiente paso son las elecciones generales, previstas para el 16 de diciembre, tras las cuales la Junta tiene previsto ceder el poder al Gobierno electo.

REPARTO DE FOLLETOS ANIMANDO A LOS TAILANDESES A VOTAR.

La nueva Constitución no está exenta de polémica, puesto que va a reforzar el poder de los militares en detrimento del poder civil asegurado por la anterior Constitución de, 1997: la Junta militar ha propuesta una ley de seguridad interna que daría a los mandos militares amplios poderes sin tener que responder al Parlamento o al primer ministro. Además, el nuevo texto también recorta seriamente la representación popular en el Senado: cerca de la mitad de sus miembros serán designados por un comité de siete personas designadas por el poder judicial.


El ‘sí’ ganó con un 57 por ciento de los votos. La participación fue de un 57,6 por ciento de la población con derecho a voto, bastante por debajo de lo que suele ser habitual en elecciones generales, según The Bangkok Post. En realidad, los tailandeses iban a tener una nueva constitución de todas formas: El pasado viernes, el hombre que lideró el golpe de estado y jefe del Ejército, Sonthi Boonyaratglin, declaró que si el texto era rechazado, tomaría cualquiera de las 17 constituciones previas y, tras las modificaciones necesarias, la haría vigente.


Los resultados muestran la profunda división de la sociedad tailandesa entre las populosas provincias del norte, en las que el venció el ‘no’ y el centro y sur del país, dónde venció el ‘sí’.


Aproximadamente un tercio de la población tailandesa vive en las provincias rurales del noreste, una región muy pobre que se ve castigada frecuentemente por inundaciones y sequias y que tradicionalmente ha sido olvidada por los políticos en la capital. Precisamente son esas provincias las que apoyan mayoritariamente a Thaksin y su partido Thai Rak Thai (‘los tailandeses aman a los tailandeses’), gracias a políticas tales como abaratar el acceso a la sanidad o ayudas económicas a los agricultores.


En cambio, Thaksin apenas cuenta con apoyo popular en Bangkok y las provincias del centro y del sur, donde ha triunfado mayoritariamente el ‘sí’. Hay que recordar que el golpe de los militares de hace 11 meses, que contó con un amplio apoyo popular en la capital, tuvo lugar después de que la gente se echara a la calle, especialmente en la capital, para pedir la dimisión del primer ministro. Las protestas se produjeron cuando Thaksin vendió las acciones que poseía de su corporación de empresas de comunicación (Shin Corp.) a un conglomerado perteneciente al Estado de Singapur; la venta, de 2000 millones de dólares, fue la más grande realizada en Tailandia hasta el momento y fue especialmente polémica porque estaba libre de impuestos.


El partido Thai Rak Thai de Thaksin fue ilegalizado en mayo y sus líderes tienen prohibido ejercer la política durante los próximos cinco años. Mientras tanto, Thaksin se encuentra auto-exiliado en Londres, lejos de las acusaciones de corrupción en los juzgados de su país. En Gran Bretaña, Thaksin ha sido noticia recientemente por comprar el equipo de fútbol Manchester City.