viernes, 10 de agosto de 2007

'Joe' Dresnok, el hombre que cruzó la línea

Una noche del verano de 1962, el soldado norteamericano James ‘Joe’ Dresnok abandonó su puesto de vigilancia en el lado sur de la línea del paralelo 38 que separa la península de Corea en dos para irse de putas. Por ello, el joven soldado de 21 años se había de enfrentar a un juicio militar.


Para evitar el tribunal, el desesperado Dresnok volvió a dejar su puesto el mediodía del 15 de agosto de 1962 y, probablemente sin saber demasiado bien lo que estaba haciendo, atravesó las dos millas y media de zona desmilitarizada entre las dos naciones y un campo plagado de minas para llegar a un país, Corea del Norte, del que no volvería a salir jamás. Dejaba atrás un matrimonio adolescente que había terminado en fracaso y la vida del hijo de una familia rota en Virginia que había pasado toda su infancia de un hogar de acogida a otro; en su país, Dresnok era un inadaptado a punto de ser carne de presidio habiéndolo sido siempre de reformatorio.


Los soldados norcoreanos le rodearon nada más llegar; algunos querían matarle, pero en lugar de eso, metieron a Dresnok en un tren con rumbo a Pyongyang para ser interrogado. Allí conoció al otro desertor estadounidense, Larry Abshier, que había cruzado la frontera tres meses antes. Más tarde se les unirían Jerry Wayne Parrish, en 1963, y Charles Robert Jenkins, en 1965.


Durante un tiempo, los cuatro vivieron juntos en un apartamento en Pyongyang mientras eran utilizados por el Gobierno de Kim Il-sung como instrumento de propaganda: fueron portadas de muchas revistas en las que aparecían sonrientes y felices [ver más abajo reproducción de una de ellas] o se emitían discursos en altavoces a las tropas estadounidenses en los que los desertores cantaban las bondades del régimen norcoreano. La realidad era otra, según Jenkins eran golpeados constantemente y el propio Dresnok admite que al principio le resultaba casi imposible integrarse en una sociedad y culturas completamente ajenas.


En 1966, los cuatro norteamericanos se pusieron de acuerdo e hicieron un intento por salir del país: fueron a la embajada soviética y solicitaron asilo. En pocas horas fueron devueltos a las autoridades norcoreanas. El grupo pensaba que iban a ser ejecutados, pero las autoridades decidieron darles una segunda oportunidad. Es entonces cuando Dresnok se dio cuenta de que no le quedaba más remedio que adaptarse a la vida en Corea del Norte, para lo que se aplicó concienzudamente: se esforzó en aprender el idioma y las costumbres del país, así como la doctrina política de su líder. A ello quizá ayudó el proceso de adoctrinamiento al que fueron sometidos los cuatro, proceso que incluía aprender de memoria largos pasajes de las obras de Kim Il-sung.


En 1978 Dresnok empezó a trabajar como actor en diversas películas de propaganda, incluyendo las 20 partes de Unsung Heroes (1978 - 1981), en la que él y Jenkins hacían los papeles de perversos diablos norteamericanos enemigos del pueblo norcoreano. (Fue gracias a estas películas que el ejército norteamericano averiguó que Jenkins seguía vivo). Dresnok se convirtió en una estrella en Corea del Norte, en un personaje famoso al que la gente, aún hoy, reconoce en la calle. Además, se ha dedicado a traducir al inglés los discursos del Gran Líder y, a pesar de que dejó la escuela a los 15 años, a enseñar su idioma en la universidad.


Dresnok se volvió a casar: primero con una mujer de origen rumano, con la que tuvo dos hijos. Se sospecha que esta mujer fue secuestrada en Italia como parte de un supuesto programa en el cual el Gobierno de Pyongyang habría secuestrado a ciudadanos de otros países. El objetivo del programa: que tuvieran hijos que parecieran extranjeros para servir como espías. Cuando ella murió en 1997, Dresnok se casó por tercera vez, esta vez con la hija de una mujer coreana y un diplomático togolés, juntos han tenido un niño de seis años.




Dresnok es el último desertor norteamericano que queda en Corea del Norte: Larry Abshier murió en 1983 y Jerry Wayne Parrish en 1996. Charles Jenkins abandonó el país en 2004 y vive en Japón con su esposa. Jenkins ha declarado que pagó durante 40 años de miseria el error de desertar a Corea del Norte y ha afirmado que cuando molestaba a las autoridades era atado a una silla y golpeado por Dresnok. Éste, en un documental llamado Crossing the Line realizado en 2006, ha negado las acusaciones diciendo que Jenkins miente y que le gustaría "matar a ese hijo de puta”.


Todo parece indicar que Dresnok lleva una vida privilegiada en Corea del Norte; durante la gran hambruna que en los noventa diezmó a la población (se calcula que un millón de coreanos pudieron morir de hambre durante esos años, aunque no hay datos seguros), el Gobierno se preocupó de que no faltara de nada en su mesa. Dresnok está jubilado y vive en un pequeño apartamento de Pyongyang, pasando plácidamente los días pescando y bebiendo soju, el fuerte licor coreano que al parecer está arruinando su salud. Habla un coreano más que fluido y afirma que no volvería a Estados Unidos ni por todo el oro del mundo y que ha encontrado un hogar en Corea del Norte, cuyo gobierno, asegura, cuidará de él hasta el día en que muera.